domingo, 24 de noviembre de 2013

Carta abierta a Diputados sub-35 electos en Chile

Estimad@s diputados sub 35:

El siglo 21 trae nuevos desafíos, y no veo que nuestra clase política los tenga identificados. Tengo la esperanza de que Uds., que nacieron más o menos después de que se inventara el computador personal, sean capaces de darse cuenta, y de dirigir sus esfuerzos hacia donde realmente nos estamos jugando el futuro inmediato. 

Las tecnologías de la información - y en especial, Internet - han cambiado y seguirán cambiando el mundo de una forma radical y exponencial, afectando la economía, la política y la sociedad de una manera como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad. Estamos viviendo a espaldas de esa realidad. Seguimos viendo el mundo con los ojos del Siglo 20. Ha sido todo tan rápido que no somos capaces aún de absorber lo que está sucediendo. 

Internet aplanó el mundo, generando una economía totalmente abierta, cambiando la correlación de poder en la política y creando una sociedad más igualitaria. Esos tres fenómenos se acelerarán en los próximos 25 años, hasta el extremo que no seremos capaces de reconocer lo que hoy existe en comparación con lo que va a ser el mundo para el año 2040. No es necesario ser futurólogo ni profeta para predecirlo, porque simplemente ya está sucediendo, y aquí no nos estamos dando por enterados. 

Hay un tema que, de casualidad, está en la Agenda país, pero estamos enfocando la discusión donde no debe estar. Me refiero a la educación. 

La transformación más grande que está trayendo la era en la que estamos entrando, que es la transformación mas grande que la humanidad va a tener en toda su historia, es esta: el principal recurso económico y social del mundo va a estar en los talentos de la humanidad. Descubrir, desarrollar y distribuir los talentos de las personas de forma que trabajen donde sean mas talentosos y más les guste va a ser el gran desafío político, económico y social en el siglo 21 y siguiente. Va a cambiar el foco de las políticas públicas. Va a cambiar el eje político desde los términos "derecha", "izquierda" o "centro", hacia el crecimiento personal a través del desarrollo del talento, generando oportunidades jamás soñadas por la humanidad hasta ahora, y creando las condiciones de una paz social que no podemos ni vislumbrar en este momento. Y para que eso suceda, antes debe haber una auténtica revolución en la educación, cuyo objetivo será que cada estudiante pueda descubrir y desarrollar plenamente sus talentos - intelectuales, sociales y espirituales - para ser la mejor versión que de sí mismos puedan ser. Por lo tanto, la educación es la más importante de las luchas hacia una sociedad plena en el siglo 21, pero por causas muy diferentes a las que la sociedad chilena está empeñada ahora. 

La otra gran revolución que va a venir es que este objetivo de la educación también va a ser el gran objetivo de la economía y de la sociedad, que va a aspirar a un desarrollo integral hacia lo que Sir Ken Robinson llama "el elemento", es decir, ese punto en el cual cada persona se siente realizado por estar haciendo aquello para lo que tiene talento y afinidad. 

Chile sigue pegado en el siglo 20, en todos los sentidos: económicamente, políticamente, socialmente. 

Nuestra economía sigue dependiendo de los recursos naturales. Los puestos de trabajo que más se crean son no cualificados, y por lo tanto, son de escaso valor agregado y bajo nivel de remuneración. Esos puestos de trabajo se van a reducir drásticamente en los próximos años, debido a la irrupción de un nuevo tsunami tecnológico. Hoy hace falta mano de obra para la minería del cobre. Antes de 20 años más, va a sobrar toda la que hoy falta, entre otras cosas, porque podrá haber extracción de cobre sin necesidad de mineros en la mina: todo automatizado. Hoy el retail es un gran contratante de mano de obra no cualificada. En 20 años más no va a serlo, puesto que la mayoría de las ventas al consumidor serán a través de Internet. Otro tanto sucederá en la banca. Pero además, el avance en materiales nuevos como el grafeno va a significar una menor demanda de nuestro cobre, y al igual como sucedió con el salitre sintético, acabaremos teniendo mucho de algo que no es tan necesario. No se debe caer en la ingenuidad de pensar que estas son hipótesis de trabajo: son realidades que están creciendo exponencialmente. No nos damos cuenta porque estamos aún en la parte baja de la curva exponencial. 

Nuestros políticos siguen pensando que el mundo gira como lo hacía en el siglo 20. Sin embargo, hasta el concepto mismo de "nación" está en metamorfosis: somos ciudadanos de un país, pero también somos ciudadanos digitales, sin fronteras. Se generarán nuevos sistemas de participación ciudadana de la mano de las nuevas tecnologías, trayendo consigo movimientos sociales que no se veían a nivel mundial desde la revolución francesa. Ante esa realidad, el modelo político que tenemos es arcaico, y si no se entiende bien este fenómeno, la política va  estar aún más alejada de la realidad de lo que está ahora. El Estado que tenemos fue concebido en el siglo 19, y ya no responde a la Sociedad del siglo 21. La modernización del Estado que se ha acometido no es innovadora. Solo introduce mejoras marginales, cuando lo que se requiere es un replanteamiento completo. El poder del Estado, en la medida en que avance la ciudadanía digital, también se va a ver recortado, y tendrá que aprender a vivir con esa realidad. 

La sociedad se está transformando en una sociedad informada, gracias a que se está transformando en una sociedad digital y con acceso a Internet. Para el año 2025 5.000 millones de personas en todo el mundo tendrán acceso a Internet, especialmente a través de sistemas móviles, trayendo una revolución en el acceso a la educación, la salud y el trabajo. Las fronteras se están diluyendo y seguirán diluyéndose. La educación va a ser globalizada. ¿A quien le va a interesar pagar una universidad presencial en Chile si puede pagar menos por una universidad digital de renombre mundial? A través de Internet, las personas se empoderarán cada vez más, y necesitarán del Estado y de la política cada vez menos. Internet es el "país" que más ha crecido en los últimos 20 años, en términos de población, economía y cohesión social. Repito: es un hecho, no una hipótesis. 

Durante los últimos 10 años he intentado sensibilizar a mi generación sobre estas realidades, y debo admitir que no he tenido éxito. A pesar de las evidencias empíricas entregadas por todos los estudios llevados a cabo por centros de prestigio mundial, como el Banco Mundial, El Foro Económico Mundial, la OCDE, la CEE, la ONU (que el año pasado declaró el acceso a banda ancha como un derecho humano fundamental, al mismo nivel que el agua), o de consultoras del prestigio de Mc Kinsey, la gente de mi generación mira pero no ve; lee pero no entiende. Están en una zona de comodidad en la que es mejor pensar que lo que necesitamos ahora son variaciones sobre el mismo modelo. Siguen discutiendo si la solución es más Estado o más Mercado, sin entender que la solución es más talento y el desarrollo del inmenso capital humano que tenemos, el único que genera de verdad valor y el único que es de verdad renovable. Siguen en el fondo pensando en un modelo de sociedad centrado en las instituciones en vez de centrado en las personas, y mientras tanto, las instituciones en las que tanto creen y que tanto defienden se están transformando  radicalmente en todo el mundo. 

Es por eso que escribo estas líneas a la nueva generación que llega a la política en Chile. Hasta ahora en su discurso sigo viendo más de lo mismo y nada de lo que aquí se comenta. Han cambiado las caras, que son más jóvenes. ¿No se dan cuenta aún de que no se trata ya de cambiar las reglas del juego, sino que se trata de un nuevo juego, porque es el juego lo que está cambiando en el mundo entero? Espero sinceramente que, con mentes abiertas y desprejuiciadas, piensen "out of the box" y pongan sus esfuerzos en subir a Chile al nuevo juego.  De no hacerlo, me temo que tendremos una Sociedad cada vez más confundida, fragmentada, y polarizada, dando palos de ciego mientras otros países acogen con brazos abiertos los enormes beneficios y oportunidades que la nueva era de la Sociedad del Conocimiento está trayendo en el mundo. 

Alfredo Barriga

sábado, 6 de julio de 2013

En el año de la innovación, una señal de alerta para Chile

Este año ha sido nominado el año de la innovación por el Gobierno. Acaba de salir publicado el Global Innovation Index 2013 (GII), preparado por la World Intelectual Property Organization (WIPO) en conjunto con el INSEAD y la Universidad Cornell. Y los datos que muestra de nuestro país llaman a preocuparse.

He insistido en numerosas ocasiones que la economía mundial está pasando por un cambio radical, desde una economía basada en recursos tangibles (recursos naturales y financieros) hacia una economía basada en recursos intangibles (talento, creatividad, imaginación). Este cambio histórico afecta especialmente a América Latina, cuyo modelo económico está fundado en el desarrollo de sus recursos naturales. El actual modelo económico ha traído crecimiento económico, pero no lo ha distribuido entre toda la sociedad. El principal recurso al cual deberán echar mano los países de ahora en adelante es su gente. La economía del presente y del futuro es la Economía del Conocimiento, y los índices sobre Economía del Conocimiento elaborados desde 1995 por el Banco Mundial muestran también que América Latina, incluido Chile, se están quedando atrás. Hay bastante correlación entre dicho índice y el que acaba de ser publicado. Los 4 pilares del índice de Economía del Conocimiento son Régimen Económico, Educación, Innovación y uso de TIC. El Índice Global de Innovación incorpora también esas cuatro dimensiones. Los resultados para 2013 en Innovación ratifican los problemas de fondo que tiene esta Región en general y Chile en concreto de cara a su desarrollo económico futuro.

El actual Gobierno es consciente de ello, y el Presidente ha manifestado en incontables oportunidades que Chile se enfrenta a un desafío de cara a la revolución digital y a la Sociedad del Conocimiento, a la que no puede llegar tarde si quiere entrar en el desarrollo. Se han tomado muchas acciones, pero lamentablemente, lo que muestran porfiadamente los rankings mundiales año tras año es que la velocidad del cambio no es suficiente. Es fácil ver dónde estamos fallando analizando los resultados de este informe. Lo que es preocupante es que no es ninguna novedad, puesto que siempre son los mismos temas donde aparecemos al debe.  Sea el GITR del Foro Económico Mundial, el Knowledge Index del Banco Mundial, o el GII del INSEAD.

El informe de este año dedica un capítulo entero a lo hecho por los países árabes y por Uruguay, que superan a Chile en muchos de los subíndices en los que no hace mucho nuestro país estaba por delante. La lectura de esos dos capítulos debería estimular a nuestros gobiernos y sector privado respecto de las políticas públicas que funcionan y que están llamando la atención de los expertos en innovación a nivel mundial.

El Índice Global de Innovación consta de dos grandes capítulos: "Entradas de Innovación" y "Productos de Innovación", los que a sus vez se desglosan en 5 componentes para el primero y dos para el segundo. Dichos componentes se desglosan a su vez de varios sub índices y éstos a su vez en otros índices a nivel final. 




Chile falla, dentro del primer capítulo, fundamentalmente en uno de los 5 componentes: Educación. ¡Estamos en el lugar 90! La razón está en la calidad, no en la cobertura, puesto que en el sub índice de cobertura universitaria estamos en el puesto 23 (Argentina es 14). El problema está en el ratio de alumnos por profesor, donde somos 97; captación de alumnos de otros países, donde somos 80; gasto público por alumno (78), y gasto total en educación (62).

Estamos poniendo el foco en la gratuidad y en el lucro. Ciertamente el costo de la educación es escandalosamente alto, como señalé en otro artículo. Pero el problema de fondo es que además de ser cara, es mala. Y esto no se reduce a la educación pública: la privada también. Que solo un 3,3% de los chilenos puedan leer críticamente un texto es un dato mayor, al que no se le ha dado la relevancia que tiene. Que solo un 3% de los alumnos tengan aptitudes avanzadas para el uso de tecnologías de la información (TIC) corrobora lo mal preparados que estamos para la Sociedad del Conocimiento. Lo grave es que estamos hablando del talento, el principal recurso del país en la economía del siglo 21 (¡y todavía hay quienes insisten que ese término corresponde al cobre!). 

En los restantes 4 componentes estamos medianamente bien, con algunas buenas posiciones en temas como infraestructura TIC (puesto 33), servicios Online de Gobierno (puesto 24) o e-participación (puesto 19). Pero antes con esos rankings éramos los líderes de la Región. Hoy nos supera Colombia en cada uno de ellos (puesto 32, 16 y 11 respectivamente). En inversión en I+D por parte de las empresas privadas estamos en el lugar 21... pero Uruguay saltó al 4° lugar mundial. 

Es sin embargo en el capítulo de Productos de Innovación ("Producción basada en Tecnología y Conocimiento", y "Producción Creativa") donde nos estamos quedando definitivamente atrás.

Estamos en el lugar 70 en lo referente a "Producción basada en Tecnología y Conocimiento". Nos superan países como Brasil, Angola, Mozambique y Ghana, y estamos apenas 1 puesto por encima de Zambia. Este lugar tan bajo es producto de estar en el lugar 106 en la difusión de conocimiento (superados por casi todos los países de la Región) y 66 en la producción de conocimiento (Argentina y Brasil nos superan en la Región con el puesto 56 y 59 respectivamente, y además somos los últimos de los países OCDE). ¿Por qué tan bajo ranking en difusión del conocimiento? Esto es debido al puesto 115 en el apartado "exportaciones TIC sobre total de exportaciones del país". Hubo un tiempo, hace más de 20 años, en que Chile lideraba en exportaciones TIC en América Latina. Hoy está muy por detrás de países como Costa Rica (8), Honduras (15), El Salvador (24) Argentina (27) o Nicaragua (31). Este bajo ranking en desarrollo de productos basados en tecnología y conocimiento explica también el bajo ranking en la creación de puestos de trabajo intensivos en conocimiento, donde tenemos el puesto 52. 

En el apartado "Producción Creativa" - el otro de los bloques de output de innovación - estamos en el puesto 47, por debajo de países de la región como Argentina (29), República Dominicana (30), Uruguay (36), Perú (41), Ecuador (42) y Panamá (45). Este índice tiene tres apartados: intangibles (donde estamos 26), creatividad Online (donde estamos 43, superados por Uruguay en el lugar 37), y producción de bienes y servicios creativos, donde aparecemos en el puesto 103. ¿A qué se refiere con "producción creativa? Al porcentaje de exportaciones que tiene que ver con productos culturales y servicios relacionados, según las estadísticas culturales de la UNESCO de 2009 (¿no encontraron datos posteriores?) 

Queda claro por lo tanto dónde hay que poner el énfasis. Bajo este informe, Chile no es un país creativo en la producción de bienes y servicios, si bien ésta se circunscribe solo a productos audiovisuales, producción de películas, producción de periodismo, edición de libros y exportación de creatividad. 

Chile no está respondiendo adecuadamente a los desafíos de la Sociedad del Conocimiento. Lo peor del caso es que no es consciente de ello. En 500 años de historia la obsesión por los bienes tangibles es demasiado fuerte, casi genética. 

No creo que Chile esté perdiendo su capacidad innovadora. Pero sí es evidente, a la luz de estas cifras, que la velocidad ya no es suficiente como lo fue en los últimos 30 años. Los demás países van cada vez más rápido. Entienden mejor dónde se están jugando las fichas. Las falencias reportadas una y otra vez respecto de innovación, educación y creatividad en todos los informes sobre innovación, tecnología o Sociedad del Conocimiento debería mover a abandonar la posición autocomplaciente que nos ha caracterizado y cambiarla por una de mayor urgencia en el cambio de ritmo. 

Como dijo una vez Mac Arthur "la historia de los grandes fracasos se puede resumir en dos palabras: 'demasiado tarde'" 

Alfredo Barriga

domingo, 30 de junio de 2013

Cuando los intangibles salen del armario

Me llegó un artículo del Newsletter de Smarter Companies, una organización que está enfocada en traer la nueva era del conocimiento a las empresas de hoy, que quiero compartir. Creo que expresa muy bien el cambio radical que está surgiendo desde una economía de tangibles a una de intangibles. (Nota: Las frases en itálica son de mi cosecha)

Las fronteras de la innovación hoy en día tienen menos que ver con qué se hace y más que ver con cómo se hace.

Por ejemplo, hoy el gran desafío no es solo alimentar a la población, sino alimentarla de forma sana y sustentable. No se trata sólo de vestir y darles vivienda, sino de hacerlo de una manera satisfactoria y sostenible. Tampoco se trata sólo del tratar las enfermedades, sino de tener gente sana. Ni se trata sólo de proporcionar el transporte más rápido, sino el más asequible y sostenible. No se trata sólo de vender un producto o un servicio, sino de crear una experiencia que sea agradable y satisfactoria. Hay un sinnúmero de nuevas fronteras para todos los negocios y la organización, que piden una innovación continua.

Cada vez más, las personas están prestando atención a cómo se hace lo que se hace. Y en ello han tenido una gran importancia las TIC, porque las tecnologías informáticas y de comunicaciones colaborativas distribuyen poder. Las pequeñas empresas pueden cambiar los mercados disruptivamente, y los ciudadanos pueden cambiar gobiernos. Las TIC están dando vuelta la visión tradicional del marketing: la marca y la reputación de las empresas están fuera de su control si piensan que lo que dicen es más importante que lo que hacen. Hoy tanto consumidores como  empleados y ciudadanos crean la reputación corporativa en base a la experiencia con la organización. Están exigiendo un estándar más alto que nunca, empujando a las organizaciones a mejorar en formas que nunca antes habían siquiera considerado.

El gran problema del sistema económico vigente en el mundo es que funciona bien en la medida en que sea transparente y con información simétrica, lo cual no sucede en la realidad. Las grandes crisis financieras no habrían sucedido si hubiese habido información transparente y completa para todos. Eso es lo que las TIC – especialmente Internet – han traído a la economía: información simétrica, mercados eficientes. Y es lo que a menudo las empresas establecidas se resisten a adoptar, pensando que manteniéndose bajo una estrategia de información asimétrica podrán continuar aumentando sus utilidades  interminablemente. Es esa falta de transparencia y de simetría en la información lo que provoca rechazo en una ciudadanía más empoderada e informada.

Estos desafíos y estas nuevas innovaciones no se enfrentan solo comprando tecnologías. Son el producto de una combinación correcta de personas, datos, conocimiento y redes para conseguir un propósito rentable que merezca la pena. Y estos “intangibles” son imprescindibles para el éxito y la prosperidad futura de las empresas, las comunidades y los países. Es por ello hora de que las empresas adopten formas de identificar, medir y optimizar los intangibles. Los mercados han cambiado y la creación de valor se ha desplazado hacia los intangibles. En 35 años los intangibles pasaron de ser el origen del 17% del valor en bolsa de las empresas al 80%:


Las empresas que hoy valen más en Bolsa no tenían ese valor hace 10 años atrás. ¡Algunas ni existían! Si se mira la lista de empresas con mayor capitalización bursátil en el mundo se puede constatar que son empresas basadas en intangibles, como empresas tecnológicas (Apple, IBM, Google, Amazon…), farmacéuticas (Roche), financieras (Bancos) o de servicios (Wall Mart). Salvo las petroleras (por el alto precio del petróleo), no hay en la lista empresas basadas en recursos naturales ni industriales.

Las inversiones en intangibles, por su parte, han crecido permanentemente desde mitad del siglo 20, y ya a fines de siglo superaron a las inversiones en tangibles, como lo demuestra el siguiente gráfico:


Sería muy interesante poder contar con estos mismos números para el caso de las economías en América Latina. Mi impresión es que en esta zona del mundo todavía las inversiones en tangibles se llevan la mayor parte – así es desde luego en Chile, donde "la parte del león" va al desarrollo de minería. No es de extrañar por ello que la generación de valor de mercado de las empresas latinoamericanas, medidas en el precio en Bolsa, sean tan inferiores al valor de mercado de empresas en otros lugares del mundo, ni que las grandes fortunas que se han hecho en esta Región en los últimos 30 años (con la salvedad de Carlos Slim) sean muy inferiores a las que se han hecho en las economías del conocimiento. Casos como Apple, Amazon, eBay, Google o Facebook han generado un valor de mercado muy superior y en muchísimo menos tiempo del que las empresas de América Latina han necesitado para conseguir su mejor valor de mercado. A buen entendedor, pocas palabras…

¿Qué es lo que genera valor de mercado y es intangible? La metodología de valoración de intangibles que propone Smart Companies da una orientación bastante clara: las personas de la organización, la estrategia corporativa, la capacidad de uso de tecnologías de la información, la capacidad de trabajar en redes, y el foco la actividad de la empresa hacia la solución de problemas.

Las empresas cada vez más necesitan hablar de sus activos intangibles cuando van a ver a sus banqueros (y éstos necesitan preguntar más por los intangibles que por los Balances). Los gerentes necesitan mucho más que sus cuentas de resultado para evaluar las posibilidades de sus empresas. Los expertos de marketing necesitan mucho más que slogans comerciales para conectarse con los consumidores. Los empleados necesitan mucho más que órdenes para ser productivos en su puesto de trabajo. Todos, en las empresas, necesitan tener un mayor conocimiento compartido sobre lo que tienen, cómo funciona y cómo mejorarlo.

¿Por qué los intangibles ahora importan? Porque son la fundación de la nueva prosperidad colectiva, punto.

Los autores del artículo entregan una herramienta sencilla para evaluar los activos intangibles de una empresa, la cual se puede ver en http://www.smarter-companies.com/page/icounts-index

Independiente de que lo haga o no, su empresa no va a seguir prosperando – o no va a salir de la situación complicada en la que hoy esté – haciendo más de lo mismo, sino haciendo algo distinto, que considere todas las nuevas fuerzas del mercado (especialmente consumidores y ciudadanos) y toda la eficiencia que las tecnologías de la información han traído consigo. Es hora de que saque los intangibles del closet, porque es ahí donde está realmente la creación de valor y – en última instancia – las utilidades o beneficios del futuro. Ya no es una teoría, es una evidencia empírica. Ya no aplica solo a las compañías en Internet, aplica a todas las empresas. Y las de América Latina están muy, muy lejos de adoptar esta nueva realidad, pudiendo perfectamente hacerlo. ¿Por qué no la adoptan? Por la peor de las razones: porque haciendo lo mismo que han hecho en los últimos 30 años siguen ganando dinero, y asumen que siempre será así.


Alfredo Barriga

viernes, 12 de abril de 2013

El dilema de la educación gratuita – separando el trigo de la paja


Si todos trabajasen en lo que tienen más talento y más les gusta, si pudieran desarrollarse profesionalmente en su “elemento”, como dice Sir Ken Robinson, la economía de una nación estaría en el mejor lugar donde puede llegar a estar, y sus ciudadanos serían más felices de lo que son. Son los recursos intangibles (talento, creatividad, capacidad de innovación) los que realmente permiten a una nación prosperar. Sin embargo, la humanidad lleva 7 mil años ignorando esto, y pensando que la prosperidad viene exclusivamente del acceso a recursos naturales y financieros. 

El principal recurso del siglo 21 es el talento, la creatividad, la innovación. No se puede seguir pretendiendo que un modelo económico basado en la competitividad mundial en recursos naturales sea lo óptimo para una nación. Sin embargo, nuestro país lleva más de 30 años embarcados en un modelo económico basado en sus recursos naturales, con la perenne promesa – hasta ahora incumplida – de que ello nos llevará a desarrollo y a una sociedad más justa e igualitaria.

Frente a la realidad del incumplimiento de la promesa se levantan dos opciones políticas. Ambas son incapaces de ver fuera de la caja, y siguen defendiendo el mismo modelo económico basado en recursos naturales. Unos defienden que con más mercado el desarrollo por fin llegará. Los otros defienden que será con más Estado. Ambos están equivocados. Será con más talento. Y para ello, Chile requiere una revolución en la educación.

Hacer posible que cada habitante de este país sea capaz de desarrollar plenamente los talentos con los que nació y los que pueda desarrollar a lo largo de su vida debería ser el objetivo de la educación, junto con la de ayudar a los padres a formar personas íntegras de sus hijos.

Conseguir ese objetivo quiere decir que cualquier persona viviendo en Chile debe tener acceso a una educación de calidad enfocada en conseguir que identifique y desarrolle sus talentos. Eso supone una educación personalizada, que con el actual sistema es imposible. Las nuevas tecnologías sin embargo lo hacen posible. No por nada Universidades de la fama de Harvard, MIT o Stanford están invirtiendo fuertemente en ello, a la vez que por otra parte se desarrollan sistemas que permiten que alumnos de enseñanza primaria y secundaria puedan aprender materias a su propio ritmo. Ello permite una educación de mayor calidad a un costo muy inferior al actual, ahorrando recursos a las familias de los estudiantes y/o al Estado. Y si no se reducen los actuales costos de educación, es imposible siquiera aspirar a una educación gratuita.

Por otra parte, la mejor inversión que Chile puede hacer es en la educación de su población. Ello permitirá que la misma acceda a trabajos de mayor valor agregado, lo que supone mejores sueldos y la reducción de las desigualdades históricas que siguen pesando sobre nuestra sociedad. Junto con mayores sueldos hay una mayor recaudación de impuestos, que pueden ser destinados a financiar un subsidio a la demanda por educación, escalonado según lo que cada familia puede pagar. El punto es cómo financiar la brecha entre el momento actual y el momento en que esos mejores sueldos y esa economía más desarrollada traigan mayor tributación.

Chile cuenta con esos fondos. Han sido generados especialmente en los últimos años gracias al buen precio del cobre, que sigue siendo actualmente nuestra primera fuente de recursos. Tiene todo el sentido del mundo que dichos fondos sean aplicados a generar una población mejor formada, que pueda acceder a puestos de trabajo mejor remunerados, y salir de la trampa de una economía basada solo en recursos naturales que ha sido incapaz de generar buenos trabajos para todos y reducir la brecha en los ingresos, por más que se ha intentado por Gobiernos de distinto signo en más de 30 años. Y eso se puede hacer sin necesidad de una reforma tributaria, que reduciría el crecimiento del país.

Si hay algo que se aprende de la economía de los países que se han desarrollado más rápido en los últimos 20 años, es que en todos los casos se apostó por una estrategia enfocada en el desarrollo del talento con prioridad al desarrollo industrial, o de recursos naturales, o de servicios con mano de obra intensiva pero de baja cualificación. La apuesta pagó en todos los casos. Naciones mono productoras como algunos países árabes están ahora siguiendo la misma estrategia. Ahí está el ejemplo de Qatar, invirtiendo 40.000 millones de dólares en generar una ciudad de la educación y la ciencia de clase mundial, en pleno desierto. ¿Por qué no Chile?

Ya es hora de que se implementen soluciones “fuera de la caja”. Mi preocupación es que, salvo uno, ninguno de los actuales precandidatos presidenciales tiene un enfoque propio del siglo 21. Siguen basando el futuro del país en los mismos pilares que tiene ahora (recursos naturales), pensando en que más Estado, o más mercado, o mejor Estado resolverán el problema. Siguen hablando de más de lo mismo. Y lo que necesitamos es otro Chile, uno basado en el recurso menos valorado: los propios chilenos. En el centro de ese país distinto está una apuesta agresiva y disruptiva en materia de educación: universal, de calidad, personalizada y económicamente sustentable.

Alfredo Barriga

domingo, 3 de marzo de 2013

Educación y cultura digital (#edcmooc)


Esta semana he terminado un curso masivo y abierto (Massive Online Open Course o MOOC como se han dado en denominar) impartido por la Universidad de Edimburgh, sobre aprendizaje en línea y cultura digital (www.coursera.org/course/edc). Ya se está anunciando una segunda versión, dado el éxito de la primera. 

Participaron cuarenta mil personas de decenas de países, todos profesores o ligados al mundo de la educación, generando una dinámica de grupo impresionante, agrupándose por idioma, zona geográfica, transversalmente, por oficio o rol en la educación, etc.  Gracias a ello, se generó una red mundial de contactos, una comunidad de expertos a nivel mundial. Los de habla hispana creamos un grupo en LinkedIn denominado MOOCs en Español (http://www.linkedin.com/groups/MOOCs-Espa%C3%B1ol-4862372?home=&gid=4862372&trk=anet_ug_hm)

El curso no estaba pensado como una cápsula de conocimiento, sino como un “ágora virtual” para discutir sobre la validez del uso de tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) en la educación. Se generaron cientos de discusiones, se postearon cientos de blogs y se generaron miles de tweets vía Twitter (#edcmooc y #edcmchat). Hubo dos “hangout” a través de Google, en los que los profesores expresaron sus puntos de vista a partir de las discusiones que se habían generado en la semana.

Para conseguir un certificado de compleción del curso había que hacer un “artefacto digital”, que a fin de cuentas es una expresión basada en herramientas digitales sobre algún aspecto del curso – conclusiones, ideas, pensamientos, artículos. Fue increíble la cantidad de herramientas que pusieron a nuestra disposición para armar el dichoso “artefacto digital”. Jamás hubiera imaginado que hubiese tantas, tan buenas y tan sencillas de usar. Herramientas para explicar una idea o un concepto alrededor de una historieta tipo “comics”, o una animación de dibujos animados (prehecha, uno escoge los caracteres y el escenario, y le pone diálogo y movimiento…), o la unión de diversos contenidos existentes en redes sociales. Encontré más de 50 herramientas (imposible meterse con todas) e incluso un portal donde están todas (“cool tools for schools” en http://cooltoolsforschools.wikispaces.com/). Adjunto link a mi artefacto digital, para que tengan una idea, realizado con herramientas “tradicionales y antiguas”: “Power point” y “camtasia estudio: http://www.youtube.com/watch?v=jqz8umfCJ0E. La creatividad mostrada fue enorme. Cuando salgan los ganadores, los incluiré en este post. 

Otra innovación educacional fue la evaluación del MOOC. Puesto que el equipo de 5 profesores no podían físicamente evaluar miles de ejercicios en tres días, fuimos los propios alumnos quienes tuvimos que evaluar al menos a tres compañeros. Pero una evaluación fundada, es decir, explicando el por qué de la nota. Los alumnos recibían así feedback de sus pares, acerca de qué estuvo bien, qué no tan bien, y por qué. Por supuesto, hubo alumnos que se sintieron injustamente mal evaluados – con miles de participantes, hubiera sido sospechoso que no sucediese. Esta evaluación era obligatoria para conseguir el certificado de compleción. La verdad, la experiencia de evaluar fue muy entretenida, casi “adictiva”.

Los MOOC vienen para quedarse. Los modelos de negocio que les van a dar sustentabilidad serán el pago por los cursos – estos cursos gratuitos seguirán existiendo, pero serán un “gancho” para cursos de mayor valor agregado – y la acreditación (el “cartón”). Gracias a las plataformas digitales, estos MOOC serán validados por el propio mercado (con los clásicos “me gusta”/ “no me gusta”, comentarios de usuarios, valoración de empresas que contratan personas que asistieron a los cursos, etc.). Y, lo más importante, van a bajar los precios de la educación.  La demanda por educación, con los MOOC, se va a disparar. Pero, como ya está siendo habitual con todo lo que está relacionado a Internet, la oferta se va a crear rápidamente.

El uso de tecnologías de la información (TIC) en el aula ya no son ni siquiera una opción. De lo que se trata es cómo usarlas para hacer de nuestros estudiantes la mejor versión de sí mismos en un mundo donde las TIC son omnipresentes. 

Ese camino del que he hablado en otros posts, de un cambio radical hacia una educación universalmente accesible, personalizada, sustentable y de calidad ya ha comenzado. Deseo de corazón que ojala en mi país la discusión alrededor de la educación cambie de tono y de fondo, y en vez de seguir buscando más dinero para hacer más de lo mismo, se centre en abrazar los nuevos paradigmas que están cambiando el mundo. De lo contrario, mucho me temo que nos quedaremos atrás.

Como dijo el Presidente Piñera en su campaña hace 4 años atrás, la Sociedad del Conocimiento va a crear oportunidades que no podemos ni soñar en aquellas naciones que la abracen, pero no va a tener paciencia con las naciones que la ignoren. Ojalá no nos quedemos entre éstas últimas. Me recordaría la última frase de "Cien años de Soledad" acerca de que "las familias condenadas a cien años de soledad no tendrán otra oportunidad en la historia". 

Alfredo Barriga

lunes, 18 de febrero de 2013

On Education and Digital Culture (#edcmooc)

I am about to end my first MOOC course, one given by the University of Edimburgh on "e-Learning and Digital Culture". 

It has been quite an experience, being in a course with more than 40,000 students - most of them, lurkers. The EDCMOOC team clearly wanted the course to be one of discussion rather than comprehension of a knowledge capsule. We had to go through videos of short movies, adds, and lectures, plus Online article readings, and participate - if we wanted to - in one or several discussion forums. Twice during the Course there has been a hangout, where we have been able to see and hear all the members of the team give their viewpoints on the issues put into discussion on the previous weeks. 

My experience is that MOOCs are great but still in the making. Yet, I believe they will evolve very fast, as the need to access lifelong learning becomes more apparent as a feature for the 21st century professional. The business models will appear. All common sense indicates there will be a fee for accreditation, and that fee at a very accesible price. If the accreditation is done presentially it will be more expensive than if done online. People will be able therefore to create a personalized curriculum according to what each one wants and needs to further one´s career. The market for this need will be huge; hence the offer will be varied, and the competence, hard; and the prices, fair... hopefully! 

As in all experiences, this MOOC in particular had good things, bad things and ugly things

First, the good: the curation of the contents was provocative, the discussion forums were thrilling, the assigment, demanding. If you wanted to be in the course, you had to be there, read a lot, watch a lot and make yourself "heard" a lot. As in all big groups, there were some students who were very proactive, and that - given the big numbers involved - did provide a very good diversity of opinions. Twitter proved to be a great tool for engaging (I wouldn't have thought it could). And the student-to-student interaction proved a really enriching (and human) relation. 

The bad: it is extremely difficult to have a one-to-one relation with anyone of the MOOC team. They were available to help in doing the job needed, but when it came to adressing particular matters, you felt  a bit on your own. Also, when discussion threads became a bit long (and I am talking of more than 50 posts) people would not read all that had been posted, and would put their opinions on the latest matters exposed, or directly what they thought on the discussion. This made that the same opinion for the same idea would be written several times. If it had been a presential class, it gives the feeling of students who have not been paying attention and suddenly come up with things that have been long discussed. 

The ugly: the EDCMOOC team clearly had a point. Those dissenting with their point - as is my case - were not addressed, neither in the forums nor in the hangouts. As if we didn´t exist. 

The point of the team at EDCMOOC is that technology affects the human being, and in doing so, affects the ways of education. We were prompted to lectures about post-humanism and transhumanism. Week three was devoted to "reasserting the human" and week four, to "redefining the human". We were induced to think that technology produces a new way of being human. We were challenged to the idea that massive courses could be human at all. We were asked if this is the right way to educate people. I cannot say that was the idea of the Team, but the curation of the contents at least for me clearly indicated they had a position on the issue, which I disagree in. Let me explain my point of view:

Technology is a human invention, and its use may or may not be human, depending solely on the human who uses it. The terms "post" or "trans" humanism forget that humans are, above all, humans. Have always been and will always be. They evolve, they get smarter, but they still are deeply humans. No machine can be human, no matter what arguments science fiction may bring. These are always assumptions, not realities, nor data. Humanity has always indulged in "playing God" and creating living creatures who at some point of their evolution rise against their creator - perhaps because that was what we did? Yet, humans are humans, not God. 

The real issue in the matter of learning and digital cultures should not be therefore, if we are in front of a new paradigm on humanity (utopian, dystopian, post-humanist or transhumanist... who cares?). The real issue should be,  how to use technology so that our students can be the best version of themselves in a world where technology HAS become omnipresent  

Alfredo Barriga

jueves, 14 de febrero de 2013

The world has what it needs to give a better life to all


I believe the World has enough resources as to make it possible for every human being to have a decent life with their work. I believe wealth creation would be orders of magnitude higher than it is now if all those resources were used wisely. And I believe the most important resource in the World is the one most neglected and wasted, which is the reason there is so much poverty and injustice.

Ever since the dawn of humanity until our days, we have focused on the tangible resources: land, natural resources, work, and money. And we have been able to understand how value creation and wealth is made by the combination of these resources. But let me ask you a question: what would the GDP of the World be if every human being on Earth would work where most talented and where they liked best working?

I don´t have a number. But I have asked this question to economists (including the President of my nation, who is an economist), and the answer has been invariably: orders of magnitude higher than actually. It only happens they consider it impossible for that to happen. Yet, they agree it would be orders of magnitude higher if it was possible. I believe it can be done, and that it is not a utopian dream. Because the most neglected and wasted resource of humanity is inside human beings: talent. Take the talent lost because of billions of people in the world who are living in poverty, add the billions of people who work where they can to make a living instead of working where they are talented, and you have an idea of the waste of resources we are speaking of. We have developed good tools for tangible resources allocation, but we have not developed tools for intangible resources allocation (talent and knowledge). Hence, these resources are ill used and neglected.

What about quality of living in such a scenario? If we added this to measure the “rate of happiness”, I also believe – common sense tells me so – that the rate of happiness in the whole World would be a lot higher than it actually is. Social unrest would diminish – and the cost of social unrest would diminish as well. People would not only be happier because they work in what they are naturally gifted, but also because they fulfill a sense of contribution, of giving to the World something unique that their singular talents and affinities can provide. And for those whose sole target is money making – well, there is a huge, huge amount of money to be made by making this happen: orders of magnitude higher than now.

So, what must be done? How it must be done?

All humans have natural talents with which they have been born. And I speak of “talents” in its broadest meaning, not limited to “intellectual” talents. We must learn how to discover the inherent talents of each person. We must help develop those talents to their full potential. We must learn to allocate those talents where they will be able to create the biggest contribution. That is what must be done. But how do we do this?

The key transformation is the transformation of education. From a “one size fits all” to a personalized learning paradigm, where the role of the teacher – I’d rather use the name “mentor” – would be to discover the talents of the student and guide the student towards the full development of those talents. Where the role of the learning institutions is also connecting talents in the making with talents needed, so that future employers of those talents may participate in the process as well and co finance it, just as the big soccer teams invest in very young talented soccer players as soon as their potential talent is discovered. And, the learning process should have a big online component, where smart systems help discovering talents and give personalized learning tools and activities to develop those talents.

A second transformation is in the minds and mentality of organizations who hire people for a position, based on a resume of what they have studied, where they have worked and what they have accomplished. People should be hired based on talents and affinities, yet few people have worked where they are most talented and like best. Most people work where they are given a work to do in exchange for money. Head hunters and hiring agencies don´t ask for talents, they ask for working experience. All organizations should also make themselves the question I made at the beginning: how would it be like if everyone working here was working where most talented and where they liked best?

Finally, governments should focus in public policies that help discovering, developing and allocating national talent. It is the best effort and investment they can do to the well being of the country. It is the single action that will yield more wealth, social justice and happiness to the nation. Public policies all around the world have to do with working with what is visible, tangible. Essentially, public policies deal with a redistribution of income to help the less privileged have access to what they need for a dignified quality of living. I am not saying this should not be the case. My point is that focusing on talent discovery, development and allocation will be a more efficient way to meet the same goals. Benchmarking all public policies with the filter of how much they contribute to talent development and allocation would let to a shift in public policies more akin to the Knowledge Society where we are being immersed.

Those three actions would make possible a huge leapfrog in the generation and distribution of wealth in the whole world, as much as they would create a much happier society, where everyone could have the opportunity to make a valuable contribution and be rewarded in 
accordance.

Alfredo Barriga

jueves, 10 de enero de 2013

La Sociedad del Conocimiento y la generación analógica en América Latina


La raza humana es una raza social. Para su desarrollo debe trabajar en equipo, lo que hoy se conoce como “trabajar en redes”. La raza humana es capaz de crear valor, debido a su inteligencia y a estar dotada de imaginación, creatividad, emocionalidad.

Para trabajar en redes, los humanos necesitan comunicarse. La humanidad ha sido la única especie sobre la tierra que ha evolucionado hacia una forma compleja de comunicación, que es la base de una sociedad compleja capaz de crear y generar valor a partir de los recursos de que dispone. Esos recursos han sido, desde los albores de la humanidad, tangibles: recursos naturales, recursos financieros, recursos laborales. Hoy la humanidad enfrenta un cambio de paradigma disruptivo, que cambia la forma en que se organiza, crea valor y se desarrolla. Un nuevo recurso comienza a tener mayor peso, y es un recurso intangible: el conocimiento. El desarrollo de la sociedad, comenzando por el desarrollo económico – que ha estado siempre en la raíz de la dinámica social – se apoya ahora en el conocimiento y el capital intelectual. Entre dos países con igualdad de recursos de otro tipo, será más competitivo y podrá desarrollarse mejor el que sea más creativo. Incluso, se podrá desarrollar mejor aunque tenga menos recursos. Ejemplos como Singapur, Corea del Sur o Finlandia son demostración de que esta no es una teoría que queda muy bien en un documento, sino una realidad. Los Gobiernos avanzados consideran explícitamente a la Sociedad y la Economía del Conocimiento como su siguiente objetivo. Las empresas del conocimiento – como Apple, IBM, General Electric o Microsoft - ya están primeras en los rankings de empresas por capitalización de mercado. Solo las grandes petroleras – debido al precio del crudo – hoy figuran junto a ellas.

Toda América Latina está estructuralmente mal preparada para esta nueva era. Sus sociedades y sus economías se basan en recursos naturales. Tiene un escaso desarrollo de recursos intangibles. Sus inversiones en investigación y desarrollo son bajas, con porcentajes sobre el PIB varias veces inferiores a los países europeos o asiáticos. Sus sistemas de innovación son precarios, como lo demuestra la bajísima cantidad de patentes por mil habitantes. Sus sistemas educacionales están mal evaluados, y la educación es la base sobre la que se asienta la economía y la sociedad del conocimiento.

Los países de América Latina llegaron tarde a la revolución industrial, y quedaron rezagados en el desarrollo económico. Ninguno figura dentro de los países desarrollados, a pesar que tienen más recursos naturales que muchos de los países más avanzados. Economías que hasta unas pocas décadas atrás eran más pobres que la de muchos países latinoamericanos – como Singapur, Corea del Sur o Finlandia – hoy sobresalen por encima de cualquier país de la región. Chile, por ejemplo,  ha sido líder de desarrollo económico en la misma, pero sigue teniendo uno de las peores distribuciones del ingreso del mundo, y no está dentro de los llamados países desarrollados, a pesar de llevar más de 30 años con un modelo económico que ha sido admirado y copiado por muchos países en el mundo. ¿No será ya hora que entienda que, ni por la vía de la explotación de sus recursos naturales, ni por la vía de un Estado más omnipresente, podrá cambiar esa realidad? Al fin y al cabo, más mercado y más Estado es lo que se ha estado haciendo en los últimos 30 años, y la realidad permanece igual. Sin embargo, en la sociedad del conocimiento, tanto Chile como cualquiera de los países de América Latina, tiene su gran oportunidad.

La sociedad del conocimiento se desarrolla sobre plataformas digitales, y es por ello que las agendas digitales son tan importantes. La revolución que trae la sociedad del conocimiento es también una revolución digital, tal como la revolución que trajo el capitalismo fue una revolución industrial. América Latina tiene una nueva oportunidad de (esta vez sí) alcanzar el desarrollo. Porque la revolución digital no es algo que dependa del dinero, sino de la creatividad. No se trata del más grande contra el más chico, sino del más rápido contra el más lento. Y la verdad sea dicha, hasta ahora no ha aprovechado nada de lo que la revolución digital trae consigo. La sociedad latinoamericana sigue focalizada en desarrollarse a partir de sus recursos naturales y de su industria, quizá un movimiento reflejo ante su frustración de no haber alcanzado el desarrollo con una economía basada en recursos tangibles, y que la lleva a seguir insistiendo en hacer lo mismo esperando tener un resultado distinto, mientras otros países ya han comprendido de que se trata de hacer algo distinto.

América Latina no entiende aún la utilidad de las plataformas digitales. No sabe o no entiende que es en Internet donde se está jugando el nuevo juego del desarrollo económico. La economía de Internet es la que crece más rápido del mundo, más incluso que los “tigres asiáticos”. En apenas 20 años ha generado un PIB que supera al de Canadá. Su tasa de crecimiento económico es de dos dígitos, alrededor del 15%. Está creando 2,6 puestos de trabajo de promedio por cada uno que destruye, y está destruyendo puestos de trabajo relacionados con la “economía tangible”, para reemplazarlos por puestos de trabajo relacionados con la “economía intangible”, de mayor valor y mejor remuneración. América Latina corre el peligro de quedarse con una economía basado en los tangibles, perdiendo de paso millones de puestos de trabajo.

El ciclo de creación de valor de las empresas está cambiando totalmente gracias a las nuevas tecnologías. La cadena de abastecimiento puede localizarse en cualquier lugar del mundo, lo mismo que la transformación, que puede estar cerca de los mercados, y lo mismo que la distribución que puede ser externalizada totalmente. Los mercados bajan sus barreras culturales y geográficas, conformando consumidores globalizados que usan las plataformas digitales para comprar, pero también para participar en la sociedad a través de redes sociales, que son capaces de torcer la mano a Gobiernos y grandes corporaciones. El poder está cambiando de eje, yendo más hacia las personas. Nada de esto parece ser asimilado en la Región. 

En Internet hay igualdad de oportunidades y oportunidades ilimitadas. No hay discriminación de ningún tipo por cuestiones de raza, religión, género, edad o status socioeconómico. Vale igual un cibernauta conectado desde una mansión en el país más rico que uno conectado desde una frágil vivienda en una zona pobre de cualquier lugar del mundo.

Los gerentes, empresarios, directores de empresas, políticos, gobernantes, y académicos de América Latina no han sabido cómo reaccionar ante esta nueva realidad. Por lo general lo han confinado al terreno de lo operacional, adaptando las nuevas tecnologías sin cambiar nada más.  "Digitalizan" su realidad, pero no adoptan los nuevos paradigmas de negocio ni de la sociedad emergente. Los cambios han sido tan profundos, tan rápidos y tan disruptivos que ni siquiera han notado sus efectos, porque hasta ahora no los afectan. El gerente, director, empresario, político, gobernante, o académico analógico está en clara desventaja, pero no es consciente de estarlo, y en ello radica el mayor peligro. 

América Latina puede y debe rehacer su modelo de desarrollo, poniendo muchísimo más foco al desarrollo de recursos intangibles. Ello supone adoptar medidas contundentes y muy agresivas en materia de educación, innovación, y uso de tecnologías de la información. 
América Latina ya se perdió una oportunidad de ser una región desarrollada. No creo que haya una tercera oportunidad. Es ahora o nunca. Y no hay mucho tiempo. 

Alfredo Barriga