En noviembre de 2007 publiqué un post titulado "¿Salario ético o sentido común? La Teoría del Bombeo". Siete años después, un multibillonario de Estados Unidos, en una Conferencia TED a sus pares, vuelve con la misma idea.
Rick Hanauer es multibillonario. Estuvo entre los primeros inversores de Amazon. Creó una empresa que luego vendió a Microsoft por 6,4 billones de dólares. Y está convencido que la creciente desigualdad en los ingresos (en Estados Unidos es peor que en Chile) está llevando a la economía y al capitalismo a la ruina. Explica por qué en su conferencia. Y da un remedio. El mismo argumento que usé para mi Teoría del Bombeo.
Esencialmente, dice que mejores sueldos hacen que haya más ventas, lo cual aumenta la utilidad de las empresas, que crecen y contratan más personal, generando un círculo virtuoso. La teoría del chorreo, aplicada por el pensamiento neoliberal, es errónea. Lleva a la concentración de la riqueza, y ésta mata al capitalismo porque mata el crecimiento. Es la clase media la que hace ricos a los ricos, y no los ricos los que hacen prosperar a la clase media.
Si no se reducen las desigualdades, estamos incubando una revolución social como la revolución francesa o la bolchevique. El capitalismo, cuando se administra bien, es la mejor tecnología social jamás inventada para crear prosperidad en las sociedades humanas. Pero si no se controla, tiende hacia la concentración y el colapso. La mejor forma de preservar las bondades del capitalismo es - contrariamente a lo que muchos economistas plantean - mejorar los sueldos mínimos, forzando a los empresarios a mejorar la productividad del trabajo.
La sociedad del conocimiento es acerca de desarrollar talentos y ponerlos a trabajar donde mejor funcionan y más les gusta. Es la forma de conseguir aumentar en ordenes de magnitud la productividad del trabajo. Es lo que permitirá mejorar sustancialmente los sueldos, creando consumidores con mas poder de compra, e impulsará la economía.
Rick pone el ejemplo de dos ciudades que en Estados Unidos aumentaron el sueldo mínimo a 15 dólares la hora. ¡Qué casualidad! Una - San Francisco - es donde está Silicon Valley, y la otra - Seattle - es la sede de Microsoft y Amazon.com. La evidencia empírica - aunque sean solo dos ejemplos - muestra por lo tanto que son las empresas del conocimiento las que permiten que los sueldos mínimos mejoren y la nueva clase media prospere. En el pasado fue la industria, y fue su gran desarrollo - junto con la ley que, después de la Segunda Guerra mundial, le dió la oportunidad a los soldados que volvían a su casa entrar a la Universidad - lo que alimentó a la fuerte clase media norteamericana, que hoy está de capa caída, salvo en las industrias del conocimiento.
El eslabón débil en el razonamiento de Rick es que parte de un aumento del sueldo de la clase media sin un aumento en la productividad en el trabajo. Si Henry Ford pudo pagar mejor a sus empleados para que pudieran comprar los autos que fabricaba, fue porque fue capaz de crear un incremento radical en la productividad en la fabricación de automóviles. Subir los sueldos sin incremento de productividad no garantiza un crecimiento económico sostenido. No por nada los dos ejemplos que cita (San Francisco y Seattle) son ciudades donde hay una gran penetración de las empresas del conocimiento, que están generando un aumento radical en la productividad del trabajo. De donde se sigue que la receta va más bien por el lado de fomentar el uso de tecnologías de la información y comunicaciones (TIC), que es la que permite aumentar la productividad y los salarios.
Pueden ver la conferencia en el link puesto arriba o pueden leer la traducción en http://www.slideshare.net/albacicl/traduccin-de-la-conferencia-ted-de-rick-hanauer-a-sus-colegas-billonarios (cortesía de Francisco Barriga)
Alfredo Barriga
martes, 19 de agosto de 2014
domingo, 24 de noviembre de 2013
Carta abierta a Diputados sub-35 electos en Chile
Estimad@s diputados sub 35:
El siglo 21 trae nuevos desafíos, y no veo que nuestra clase política los tenga identificados. Tengo la esperanza de que Uds., que nacieron más o menos después de que se inventara el computador personal, sean capaces de darse cuenta, y de dirigir sus esfuerzos hacia donde realmente nos estamos jugando el futuro inmediato.
Las tecnologías de la información - y en especial, Internet - han cambiado y seguirán cambiando el mundo de una forma radical y exponencial, afectando la economía, la política y la sociedad de una manera como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad. Estamos viviendo a espaldas de esa realidad. Seguimos viendo el mundo con los ojos del Siglo 20. Ha sido todo tan rápido que no somos capaces aún de absorber lo que está sucediendo.
Internet aplanó el mundo, generando una economía totalmente abierta, cambiando la correlación de poder en la política y creando una sociedad más igualitaria. Esos tres fenómenos se acelerarán en los próximos 25 años, hasta el extremo que no seremos capaces de reconocer lo que hoy existe en comparación con lo que va a ser el mundo para el año 2040. No es necesario ser futurólogo ni profeta para predecirlo, porque simplemente ya está sucediendo, y aquí no nos estamos dando por enterados.
Hay un tema que, de casualidad, está en la Agenda país, pero estamos enfocando la discusión donde no debe estar. Me refiero a la educación.
La transformación más grande que está trayendo la era en la que estamos entrando, que es la transformación mas grande que la humanidad va a tener en toda su historia, es esta: el principal recurso económico y social del mundo va a estar en los talentos de la humanidad. Descubrir, desarrollar y distribuir los talentos de las personas de forma que trabajen donde sean mas talentosos y más les guste va a ser el gran desafío político, económico y social en el siglo 21 y siguiente. Va a cambiar el foco de las políticas públicas. Va a cambiar el eje político desde los términos "derecha", "izquierda" o "centro", hacia el crecimiento personal a través del desarrollo del talento, generando oportunidades jamás soñadas por la humanidad hasta ahora, y creando las condiciones de una paz social que no podemos ni vislumbrar en este momento. Y para que eso suceda, antes debe haber una auténtica revolución en la educación, cuyo objetivo será que cada estudiante pueda descubrir y desarrollar plenamente sus talentos - intelectuales, sociales y espirituales - para ser la mejor versión que de sí mismos puedan ser. Por lo tanto, la educación es la más importante de las luchas hacia una sociedad plena en el siglo 21, pero por causas muy diferentes a las que la sociedad chilena está empeñada ahora.
La otra gran revolución que va a venir es que este objetivo de la educación también va a ser el gran objetivo de la economía y de la sociedad, que va a aspirar a un desarrollo integral hacia lo que Sir Ken Robinson llama "el elemento", es decir, ese punto en el cual cada persona se siente realizado por estar haciendo aquello para lo que tiene talento y afinidad.
Chile sigue pegado en el siglo 20, en todos los sentidos: económicamente, políticamente, socialmente.
Nuestra economía sigue dependiendo de los recursos naturales. Los puestos de trabajo que más se crean son no cualificados, y por lo tanto, son de escaso valor agregado y bajo nivel de remuneración. Esos puestos de trabajo se van a reducir drásticamente en los próximos años, debido a la irrupción de un nuevo tsunami tecnológico. Hoy hace falta mano de obra para la minería del cobre. Antes de 20 años más, va a sobrar toda la que hoy falta, entre otras cosas, porque podrá haber extracción de cobre sin necesidad de mineros en la mina: todo automatizado. Hoy el retail es un gran contratante de mano de obra no cualificada. En 20 años más no va a serlo, puesto que la mayoría de las ventas al consumidor serán a través de Internet. Otro tanto sucederá en la banca. Pero además, el avance en materiales nuevos como el grafeno va a significar una menor demanda de nuestro cobre, y al igual como sucedió con el salitre sintético, acabaremos teniendo mucho de algo que no es tan necesario. No se debe caer en la ingenuidad de pensar que estas son hipótesis de trabajo: son realidades que están creciendo exponencialmente. No nos damos cuenta porque estamos aún en la parte baja de la curva exponencial.
Nuestros políticos siguen pensando que el mundo gira como lo hacía en el siglo 20. Sin embargo, hasta el concepto mismo de "nación" está en metamorfosis: somos ciudadanos de un país, pero también somos ciudadanos digitales, sin fronteras. Se generarán nuevos sistemas de participación ciudadana de la mano de las nuevas tecnologías, trayendo consigo movimientos sociales que no se veían a nivel mundial desde la revolución francesa. Ante esa realidad, el modelo político que tenemos es arcaico, y si no se entiende bien este fenómeno, la política va estar aún más alejada de la realidad de lo que está ahora. El Estado que tenemos fue concebido en el siglo 19, y ya no responde a la Sociedad del siglo 21. La modernización del Estado que se ha acometido no es innovadora. Solo introduce mejoras marginales, cuando lo que se requiere es un replanteamiento completo. El poder del Estado, en la medida en que avance la ciudadanía digital, también se va a ver recortado, y tendrá que aprender a vivir con esa realidad.
La sociedad se está transformando en una sociedad informada, gracias a que se está transformando en una sociedad digital y con acceso a Internet. Para el año 2025 5.000 millones de personas en todo el mundo tendrán acceso a Internet, especialmente a través de sistemas móviles, trayendo una revolución en el acceso a la educación, la salud y el trabajo. Las fronteras se están diluyendo y seguirán diluyéndose. La educación va a ser globalizada. ¿A quien le va a interesar pagar una universidad presencial en Chile si puede pagar menos por una universidad digital de renombre mundial? A través de Internet, las personas se empoderarán cada vez más, y necesitarán del Estado y de la política cada vez menos. Internet es el "país" que más ha crecido en los últimos 20 años, en términos de población, economía y cohesión social. Repito: es un hecho, no una hipótesis.
Durante los últimos 10 años he intentado sensibilizar a mi generación sobre estas realidades, y debo admitir que no he tenido éxito. A pesar de las evidencias empíricas entregadas por todos los estudios llevados a cabo por centros de prestigio mundial, como el Banco Mundial, El Foro Económico Mundial, la OCDE, la CEE, la ONU (que el año pasado declaró el acceso a banda ancha como un derecho humano fundamental, al mismo nivel que el agua), o de consultoras del prestigio de Mc Kinsey, la gente de mi generación mira pero no ve; lee pero no entiende. Están en una zona de comodidad en la que es mejor pensar que lo que necesitamos ahora son variaciones sobre el mismo modelo. Siguen discutiendo si la solución es más Estado o más Mercado, sin entender que la solución es más talento y el desarrollo del inmenso capital humano que tenemos, el único que genera de verdad valor y el único que es de verdad renovable. Siguen en el fondo pensando en un modelo de sociedad centrado en las instituciones en vez de centrado en las personas, y mientras tanto, las instituciones en las que tanto creen y que tanto defienden se están transformando radicalmente en todo el mundo.
Es por eso que escribo estas líneas a la nueva generación que llega a la política en Chile. Hasta ahora en su discurso sigo viendo más de lo mismo y nada de lo que aquí se comenta. Han cambiado las caras, que son más jóvenes. ¿No se dan cuenta aún de que no se trata ya de cambiar las reglas del juego, sino que se trata de un nuevo juego, porque es el juego lo que está cambiando en el mundo entero? Espero sinceramente que, con mentes abiertas y desprejuiciadas, piensen "out of the box" y pongan sus esfuerzos en subir a Chile al nuevo juego. De no hacerlo, me temo que tendremos una Sociedad cada vez más confundida, fragmentada, y polarizada, dando palos de ciego mientras otros países acogen con brazos abiertos los enormes beneficios y oportunidades que la nueva era de la Sociedad del Conocimiento está trayendo en el mundo.
Alfredo Barriga
El siglo 21 trae nuevos desafíos, y no veo que nuestra clase política los tenga identificados. Tengo la esperanza de que Uds., que nacieron más o menos después de que se inventara el computador personal, sean capaces de darse cuenta, y de dirigir sus esfuerzos hacia donde realmente nos estamos jugando el futuro inmediato.
Las tecnologías de la información - y en especial, Internet - han cambiado y seguirán cambiando el mundo de una forma radical y exponencial, afectando la economía, la política y la sociedad de una manera como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad. Estamos viviendo a espaldas de esa realidad. Seguimos viendo el mundo con los ojos del Siglo 20. Ha sido todo tan rápido que no somos capaces aún de absorber lo que está sucediendo.
Internet aplanó el mundo, generando una economía totalmente abierta, cambiando la correlación de poder en la política y creando una sociedad más igualitaria. Esos tres fenómenos se acelerarán en los próximos 25 años, hasta el extremo que no seremos capaces de reconocer lo que hoy existe en comparación con lo que va a ser el mundo para el año 2040. No es necesario ser futurólogo ni profeta para predecirlo, porque simplemente ya está sucediendo, y aquí no nos estamos dando por enterados.
Hay un tema que, de casualidad, está en la Agenda país, pero estamos enfocando la discusión donde no debe estar. Me refiero a la educación.
La transformación más grande que está trayendo la era en la que estamos entrando, que es la transformación mas grande que la humanidad va a tener en toda su historia, es esta: el principal recurso económico y social del mundo va a estar en los talentos de la humanidad. Descubrir, desarrollar y distribuir los talentos de las personas de forma que trabajen donde sean mas talentosos y más les guste va a ser el gran desafío político, económico y social en el siglo 21 y siguiente. Va a cambiar el foco de las políticas públicas. Va a cambiar el eje político desde los términos "derecha", "izquierda" o "centro", hacia el crecimiento personal a través del desarrollo del talento, generando oportunidades jamás soñadas por la humanidad hasta ahora, y creando las condiciones de una paz social que no podemos ni vislumbrar en este momento. Y para que eso suceda, antes debe haber una auténtica revolución en la educación, cuyo objetivo será que cada estudiante pueda descubrir y desarrollar plenamente sus talentos - intelectuales, sociales y espirituales - para ser la mejor versión que de sí mismos puedan ser. Por lo tanto, la educación es la más importante de las luchas hacia una sociedad plena en el siglo 21, pero por causas muy diferentes a las que la sociedad chilena está empeñada ahora.
La otra gran revolución que va a venir es que este objetivo de la educación también va a ser el gran objetivo de la economía y de la sociedad, que va a aspirar a un desarrollo integral hacia lo que Sir Ken Robinson llama "el elemento", es decir, ese punto en el cual cada persona se siente realizado por estar haciendo aquello para lo que tiene talento y afinidad.
Chile sigue pegado en el siglo 20, en todos los sentidos: económicamente, políticamente, socialmente.
Nuestra economía sigue dependiendo de los recursos naturales. Los puestos de trabajo que más se crean son no cualificados, y por lo tanto, son de escaso valor agregado y bajo nivel de remuneración. Esos puestos de trabajo se van a reducir drásticamente en los próximos años, debido a la irrupción de un nuevo tsunami tecnológico. Hoy hace falta mano de obra para la minería del cobre. Antes de 20 años más, va a sobrar toda la que hoy falta, entre otras cosas, porque podrá haber extracción de cobre sin necesidad de mineros en la mina: todo automatizado. Hoy el retail es un gran contratante de mano de obra no cualificada. En 20 años más no va a serlo, puesto que la mayoría de las ventas al consumidor serán a través de Internet. Otro tanto sucederá en la banca. Pero además, el avance en materiales nuevos como el grafeno va a significar una menor demanda de nuestro cobre, y al igual como sucedió con el salitre sintético, acabaremos teniendo mucho de algo que no es tan necesario. No se debe caer en la ingenuidad de pensar que estas son hipótesis de trabajo: son realidades que están creciendo exponencialmente. No nos damos cuenta porque estamos aún en la parte baja de la curva exponencial.
Nuestros políticos siguen pensando que el mundo gira como lo hacía en el siglo 20. Sin embargo, hasta el concepto mismo de "nación" está en metamorfosis: somos ciudadanos de un país, pero también somos ciudadanos digitales, sin fronteras. Se generarán nuevos sistemas de participación ciudadana de la mano de las nuevas tecnologías, trayendo consigo movimientos sociales que no se veían a nivel mundial desde la revolución francesa. Ante esa realidad, el modelo político que tenemos es arcaico, y si no se entiende bien este fenómeno, la política va estar aún más alejada de la realidad de lo que está ahora. El Estado que tenemos fue concebido en el siglo 19, y ya no responde a la Sociedad del siglo 21. La modernización del Estado que se ha acometido no es innovadora. Solo introduce mejoras marginales, cuando lo que se requiere es un replanteamiento completo. El poder del Estado, en la medida en que avance la ciudadanía digital, también se va a ver recortado, y tendrá que aprender a vivir con esa realidad.
La sociedad se está transformando en una sociedad informada, gracias a que se está transformando en una sociedad digital y con acceso a Internet. Para el año 2025 5.000 millones de personas en todo el mundo tendrán acceso a Internet, especialmente a través de sistemas móviles, trayendo una revolución en el acceso a la educación, la salud y el trabajo. Las fronteras se están diluyendo y seguirán diluyéndose. La educación va a ser globalizada. ¿A quien le va a interesar pagar una universidad presencial en Chile si puede pagar menos por una universidad digital de renombre mundial? A través de Internet, las personas se empoderarán cada vez más, y necesitarán del Estado y de la política cada vez menos. Internet es el "país" que más ha crecido en los últimos 20 años, en términos de población, economía y cohesión social. Repito: es un hecho, no una hipótesis.
Durante los últimos 10 años he intentado sensibilizar a mi generación sobre estas realidades, y debo admitir que no he tenido éxito. A pesar de las evidencias empíricas entregadas por todos los estudios llevados a cabo por centros de prestigio mundial, como el Banco Mundial, El Foro Económico Mundial, la OCDE, la CEE, la ONU (que el año pasado declaró el acceso a banda ancha como un derecho humano fundamental, al mismo nivel que el agua), o de consultoras del prestigio de Mc Kinsey, la gente de mi generación mira pero no ve; lee pero no entiende. Están en una zona de comodidad en la que es mejor pensar que lo que necesitamos ahora son variaciones sobre el mismo modelo. Siguen discutiendo si la solución es más Estado o más Mercado, sin entender que la solución es más talento y el desarrollo del inmenso capital humano que tenemos, el único que genera de verdad valor y el único que es de verdad renovable. Siguen en el fondo pensando en un modelo de sociedad centrado en las instituciones en vez de centrado en las personas, y mientras tanto, las instituciones en las que tanto creen y que tanto defienden se están transformando radicalmente en todo el mundo.
Es por eso que escribo estas líneas a la nueva generación que llega a la política en Chile. Hasta ahora en su discurso sigo viendo más de lo mismo y nada de lo que aquí se comenta. Han cambiado las caras, que son más jóvenes. ¿No se dan cuenta aún de que no se trata ya de cambiar las reglas del juego, sino que se trata de un nuevo juego, porque es el juego lo que está cambiando en el mundo entero? Espero sinceramente que, con mentes abiertas y desprejuiciadas, piensen "out of the box" y pongan sus esfuerzos en subir a Chile al nuevo juego. De no hacerlo, me temo que tendremos una Sociedad cada vez más confundida, fragmentada, y polarizada, dando palos de ciego mientras otros países acogen con brazos abiertos los enormes beneficios y oportunidades que la nueva era de la Sociedad del Conocimiento está trayendo en el mundo.
Alfredo Barriga
sábado, 6 de julio de 2013
En el año de la innovación, una señal de alerta para Chile
Este año ha sido nominado el año de la innovación por el Gobierno. Acaba de salir publicado el Global Innovation Index 2013 (GII), preparado por la World Intelectual Property Organization (WIPO) en conjunto con el INSEAD y la Universidad Cornell. Y los datos que muestra de nuestro país llaman a preocuparse.
He insistido en numerosas ocasiones que la economía mundial está pasando por un cambio radical, desde una economía basada en recursos tangibles (recursos naturales y financieros) hacia una economía basada en recursos intangibles (talento, creatividad, imaginación). Este cambio histórico afecta especialmente a América Latina, cuyo modelo económico está fundado en el desarrollo de sus recursos naturales. El actual modelo económico ha traído crecimiento económico, pero no lo ha distribuido entre toda la sociedad. El principal recurso al cual deberán echar mano los países de ahora en adelante es su gente. La economía del presente y del futuro es la Economía del Conocimiento, y los índices sobre Economía del Conocimiento elaborados desde 1995 por el Banco Mundial muestran también que América Latina, incluido Chile, se están quedando atrás. Hay bastante correlación entre dicho índice y el que acaba de ser publicado. Los 4 pilares del índice de Economía del Conocimiento son Régimen Económico, Educación, Innovación y uso de TIC. El Índice Global de Innovación incorpora también esas cuatro dimensiones. Los resultados para 2013 en Innovación ratifican los problemas de fondo que tiene esta Región en general y Chile en concreto de cara a su desarrollo económico futuro.
El actual Gobierno es consciente de ello, y el Presidente ha manifestado en incontables oportunidades que Chile se enfrenta a un desafío de cara a la revolución digital y a la Sociedad del Conocimiento, a la que no puede llegar tarde si quiere entrar en el desarrollo. Se han tomado muchas acciones, pero lamentablemente, lo que muestran porfiadamente los rankings mundiales año tras año es que la velocidad del cambio no es suficiente. Es fácil ver dónde estamos fallando analizando los resultados de este informe. Lo que es preocupante es que no es ninguna novedad, puesto que siempre son los mismos temas donde aparecemos al debe. Sea el GITR del Foro Económico Mundial, el Knowledge Index del Banco Mundial, o el GII del INSEAD.
El informe de este año dedica un capítulo entero a lo hecho por los países árabes y por Uruguay, que superan a Chile en muchos de los subíndices en los que no hace mucho nuestro país estaba por delante. La lectura de esos dos capítulos debería estimular a nuestros gobiernos y sector privado respecto de las políticas públicas que funcionan y que están llamando la atención de los expertos en innovación a nivel mundial.
El Índice Global de Innovación consta de dos grandes capítulos: "Entradas de Innovación" y "Productos de Innovación", los que a sus vez se desglosan en 5 componentes para el primero y dos para el segundo. Dichos componentes se desglosan a su vez de varios sub índices y éstos a su vez en otros índices a nivel final.
Chile falla, dentro del primer capítulo, fundamentalmente en uno de los 5 componentes: Educación. ¡Estamos en el lugar 90! La razón está en la calidad, no en la cobertura, puesto que en el sub índice de cobertura universitaria estamos en el puesto 23 (Argentina es 14). El problema está en el ratio de alumnos por profesor, donde somos 97; captación de alumnos de otros países, donde somos 80; gasto público por alumno (78), y gasto total en educación (62).
Estamos poniendo el foco en la gratuidad y en el lucro. Ciertamente el costo de la educación es escandalosamente alto, como señalé en otro artículo. Pero el problema de fondo es que además de ser cara, es mala. Y esto no se reduce a la educación pública: la privada también. Que solo un 3,3% de los chilenos puedan leer críticamente un texto es un dato mayor, al que no se le ha dado la relevancia que tiene. Que solo un 3% de los alumnos tengan aptitudes avanzadas para el uso de tecnologías de la información (TIC) corrobora lo mal preparados que estamos para la Sociedad del Conocimiento. Lo grave es que estamos hablando del talento, el principal recurso del país en la economía del siglo 21 (¡y todavía hay quienes insisten que ese término corresponde al cobre!).
En los restantes 4 componentes estamos medianamente bien, con algunas buenas posiciones en temas como infraestructura TIC (puesto 33), servicios Online de Gobierno (puesto 24) o e-participación (puesto 19). Pero antes con esos rankings éramos los líderes de la Región. Hoy nos supera Colombia en cada uno de ellos (puesto 32, 16 y 11 respectivamente). En inversión en I+D por parte de las empresas privadas estamos en el lugar 21... pero Uruguay saltó al 4° lugar mundial.
Es sin embargo en el capítulo de Productos de Innovación ("Producción basada en Tecnología y Conocimiento", y "Producción Creativa") donde nos estamos quedando definitivamente atrás.
Estamos en el lugar 70 en lo referente a "Producción basada en Tecnología y Conocimiento". Nos superan países como Brasil, Angola, Mozambique y Ghana, y estamos apenas 1 puesto por encima de Zambia. Este lugar tan bajo es producto de estar en el lugar 106 en la difusión de conocimiento (superados por casi todos los países de la Región) y 66 en la producción de conocimiento (Argentina y Brasil nos superan en la Región con el puesto 56 y 59 respectivamente, y además somos los últimos de los países OCDE). ¿Por qué tan bajo ranking en difusión del conocimiento? Esto es debido al puesto 115 en el apartado "exportaciones TIC sobre total de exportaciones del país". Hubo un tiempo, hace más de 20 años, en que Chile lideraba en exportaciones TIC en América Latina. Hoy está muy por detrás de países como Costa Rica (8), Honduras (15), El Salvador (24) Argentina (27) o Nicaragua (31). Este bajo ranking en desarrollo de productos basados en tecnología y conocimiento explica también el bajo ranking en la creación de puestos de trabajo intensivos en conocimiento, donde tenemos el puesto 52.
En el apartado "Producción Creativa" - el otro de los bloques de output de innovación - estamos en el puesto 47, por debajo de países de la región como Argentina (29), República Dominicana (30), Uruguay (36), Perú (41), Ecuador (42) y Panamá (45). Este índice tiene tres apartados: intangibles (donde estamos 26), creatividad Online (donde estamos 43, superados por Uruguay en el lugar 37), y producción de bienes y servicios creativos, donde aparecemos en el puesto 103. ¿A qué se refiere con "producción creativa? Al porcentaje de exportaciones que tiene que ver con productos culturales y servicios relacionados, según las estadísticas culturales de la UNESCO de 2009 (¿no encontraron datos posteriores?)
Queda claro por lo tanto dónde hay que poner el énfasis. Bajo este informe, Chile no es un país creativo en la producción de bienes y servicios, si bien ésta se circunscribe solo a productos audiovisuales, producción de películas, producción de periodismo, edición de libros y exportación de creatividad.
Chile no está respondiendo adecuadamente a los desafíos de la Sociedad del Conocimiento. Lo peor del caso es que no es consciente de ello. En 500 años de historia la obsesión por los bienes tangibles es demasiado fuerte, casi genética.
No creo que Chile esté perdiendo su capacidad innovadora. Pero sí es evidente, a la luz de estas cifras, que la velocidad ya no es suficiente como lo fue en los últimos 30 años. Los demás países van cada vez más rápido. Entienden mejor dónde se están jugando las fichas. Las falencias reportadas una y otra vez respecto de innovación, educación y creatividad en todos los informes sobre innovación, tecnología o Sociedad del Conocimiento debería mover a abandonar la posición autocomplaciente que nos ha caracterizado y cambiarla por una de mayor urgencia en el cambio de ritmo.
Como dijo una vez Mac Arthur "la historia de los grandes fracasos se puede resumir en dos palabras: 'demasiado tarde'"
Alfredo Barriga
He insistido en numerosas ocasiones que la economía mundial está pasando por un cambio radical, desde una economía basada en recursos tangibles (recursos naturales y financieros) hacia una economía basada en recursos intangibles (talento, creatividad, imaginación). Este cambio histórico afecta especialmente a América Latina, cuyo modelo económico está fundado en el desarrollo de sus recursos naturales. El actual modelo económico ha traído crecimiento económico, pero no lo ha distribuido entre toda la sociedad. El principal recurso al cual deberán echar mano los países de ahora en adelante es su gente. La economía del presente y del futuro es la Economía del Conocimiento, y los índices sobre Economía del Conocimiento elaborados desde 1995 por el Banco Mundial muestran también que América Latina, incluido Chile, se están quedando atrás. Hay bastante correlación entre dicho índice y el que acaba de ser publicado. Los 4 pilares del índice de Economía del Conocimiento son Régimen Económico, Educación, Innovación y uso de TIC. El Índice Global de Innovación incorpora también esas cuatro dimensiones. Los resultados para 2013 en Innovación ratifican los problemas de fondo que tiene esta Región en general y Chile en concreto de cara a su desarrollo económico futuro.
El actual Gobierno es consciente de ello, y el Presidente ha manifestado en incontables oportunidades que Chile se enfrenta a un desafío de cara a la revolución digital y a la Sociedad del Conocimiento, a la que no puede llegar tarde si quiere entrar en el desarrollo. Se han tomado muchas acciones, pero lamentablemente, lo que muestran porfiadamente los rankings mundiales año tras año es que la velocidad del cambio no es suficiente. Es fácil ver dónde estamos fallando analizando los resultados de este informe. Lo que es preocupante es que no es ninguna novedad, puesto que siempre son los mismos temas donde aparecemos al debe. Sea el GITR del Foro Económico Mundial, el Knowledge Index del Banco Mundial, o el GII del INSEAD.
El informe de este año dedica un capítulo entero a lo hecho por los países árabes y por Uruguay, que superan a Chile en muchos de los subíndices en los que no hace mucho nuestro país estaba por delante. La lectura de esos dos capítulos debería estimular a nuestros gobiernos y sector privado respecto de las políticas públicas que funcionan y que están llamando la atención de los expertos en innovación a nivel mundial.
El Índice Global de Innovación consta de dos grandes capítulos: "Entradas de Innovación" y "Productos de Innovación", los que a sus vez se desglosan en 5 componentes para el primero y dos para el segundo. Dichos componentes se desglosan a su vez de varios sub índices y éstos a su vez en otros índices a nivel final.
Chile falla, dentro del primer capítulo, fundamentalmente en uno de los 5 componentes: Educación. ¡Estamos en el lugar 90! La razón está en la calidad, no en la cobertura, puesto que en el sub índice de cobertura universitaria estamos en el puesto 23 (Argentina es 14). El problema está en el ratio de alumnos por profesor, donde somos 97; captación de alumnos de otros países, donde somos 80; gasto público por alumno (78), y gasto total en educación (62).
Estamos poniendo el foco en la gratuidad y en el lucro. Ciertamente el costo de la educación es escandalosamente alto, como señalé en otro artículo. Pero el problema de fondo es que además de ser cara, es mala. Y esto no se reduce a la educación pública: la privada también. Que solo un 3,3% de los chilenos puedan leer críticamente un texto es un dato mayor, al que no se le ha dado la relevancia que tiene. Que solo un 3% de los alumnos tengan aptitudes avanzadas para el uso de tecnologías de la información (TIC) corrobora lo mal preparados que estamos para la Sociedad del Conocimiento. Lo grave es que estamos hablando del talento, el principal recurso del país en la economía del siglo 21 (¡y todavía hay quienes insisten que ese término corresponde al cobre!).
En los restantes 4 componentes estamos medianamente bien, con algunas buenas posiciones en temas como infraestructura TIC (puesto 33), servicios Online de Gobierno (puesto 24) o e-participación (puesto 19). Pero antes con esos rankings éramos los líderes de la Región. Hoy nos supera Colombia en cada uno de ellos (puesto 32, 16 y 11 respectivamente). En inversión en I+D por parte de las empresas privadas estamos en el lugar 21... pero Uruguay saltó al 4° lugar mundial.
Es sin embargo en el capítulo de Productos de Innovación ("Producción basada en Tecnología y Conocimiento", y "Producción Creativa") donde nos estamos quedando definitivamente atrás.
Estamos en el lugar 70 en lo referente a "Producción basada en Tecnología y Conocimiento". Nos superan países como Brasil, Angola, Mozambique y Ghana, y estamos apenas 1 puesto por encima de Zambia. Este lugar tan bajo es producto de estar en el lugar 106 en la difusión de conocimiento (superados por casi todos los países de la Región) y 66 en la producción de conocimiento (Argentina y Brasil nos superan en la Región con el puesto 56 y 59 respectivamente, y además somos los últimos de los países OCDE). ¿Por qué tan bajo ranking en difusión del conocimiento? Esto es debido al puesto 115 en el apartado "exportaciones TIC sobre total de exportaciones del país". Hubo un tiempo, hace más de 20 años, en que Chile lideraba en exportaciones TIC en América Latina. Hoy está muy por detrás de países como Costa Rica (8), Honduras (15), El Salvador (24) Argentina (27) o Nicaragua (31). Este bajo ranking en desarrollo de productos basados en tecnología y conocimiento explica también el bajo ranking en la creación de puestos de trabajo intensivos en conocimiento, donde tenemos el puesto 52.
En el apartado "Producción Creativa" - el otro de los bloques de output de innovación - estamos en el puesto 47, por debajo de países de la región como Argentina (29), República Dominicana (30), Uruguay (36), Perú (41), Ecuador (42) y Panamá (45). Este índice tiene tres apartados: intangibles (donde estamos 26), creatividad Online (donde estamos 43, superados por Uruguay en el lugar 37), y producción de bienes y servicios creativos, donde aparecemos en el puesto 103. ¿A qué se refiere con "producción creativa? Al porcentaje de exportaciones que tiene que ver con productos culturales y servicios relacionados, según las estadísticas culturales de la UNESCO de 2009 (¿no encontraron datos posteriores?)
Queda claro por lo tanto dónde hay que poner el énfasis. Bajo este informe, Chile no es un país creativo en la producción de bienes y servicios, si bien ésta se circunscribe solo a productos audiovisuales, producción de películas, producción de periodismo, edición de libros y exportación de creatividad.
Chile no está respondiendo adecuadamente a los desafíos de la Sociedad del Conocimiento. Lo peor del caso es que no es consciente de ello. En 500 años de historia la obsesión por los bienes tangibles es demasiado fuerte, casi genética.
No creo que Chile esté perdiendo su capacidad innovadora. Pero sí es evidente, a la luz de estas cifras, que la velocidad ya no es suficiente como lo fue en los últimos 30 años. Los demás países van cada vez más rápido. Entienden mejor dónde se están jugando las fichas. Las falencias reportadas una y otra vez respecto de innovación, educación y creatividad en todos los informes sobre innovación, tecnología o Sociedad del Conocimiento debería mover a abandonar la posición autocomplaciente que nos ha caracterizado y cambiarla por una de mayor urgencia en el cambio de ritmo.
Como dijo una vez Mac Arthur "la historia de los grandes fracasos se puede resumir en dos palabras: 'demasiado tarde'"
Alfredo Barriga
domingo, 30 de junio de 2013
Cuando los intangibles salen del armario
Me llegó un artículo del Newsletter de Smarter Companies,
una organización que está enfocada en traer la nueva era del conocimiento a las
empresas de hoy, que quiero compartir. Creo que expresa muy bien el cambio
radical que está surgiendo desde una economía de tangibles a una de
intangibles. (Nota: Las frases en itálica
son de mi cosecha)
Las fronteras de la innovación hoy en día tienen menos que ver con qué se hace y más que ver con cómo se hace.
Por ejemplo, hoy el gran desafío no es solo alimentar a la población,
sino alimentarla de forma sana y sustentable. No se trata sólo de vestir y darles
vivienda, sino de hacerlo de una manera satisfactoria y sostenible. Tampoco se
trata sólo del tratar las enfermedades, sino de tener gente sana. Ni se trata
sólo de proporcionar el transporte más rápido, sino el más asequible y
sostenible. No se trata sólo de vender un producto o un servicio, sino de crear
una experiencia que sea agradable y satisfactoria. Hay un sinnúmero de nuevas fronteras para todos los negocios y
la organización, que piden una innovación continua.
Cada vez más, las personas están prestando atención a cómo se hace lo que se hace. Y en ello
han tenido una gran importancia las
TIC, porque las tecnologías informáticas y de comunicaciones
colaborativas distribuyen poder.
Las pequeñas empresas pueden cambiar los mercados disruptivamente, y los ciudadanos
pueden cambiar gobiernos. Las TIC están dando vuelta la visión tradicional del
marketing: la marca y la reputación de las empresas están fuera de su control
si piensan que lo que dicen es más importante que lo que hacen. Hoy tanto consumidores
como empleados y ciudadanos crean la reputación corporativa en base
a la experiencia con la organización.
Están exigiendo un estándar más alto que nunca, empujando a las organizaciones
a mejorar en formas que nunca antes habían siquiera considerado.
El gran problema del sistema
económico vigente en el mundo es que funciona bien en la medida en que sea
transparente y con información simétrica, lo cual no sucede en la realidad. Las
grandes crisis financieras no habrían sucedido si hubiese habido información
transparente y completa para todos. Eso es lo que las TIC – especialmente
Internet – han traído a la economía: información simétrica, mercados eficientes.
Y es lo que a menudo las empresas establecidas se resisten a adoptar, pensando
que manteniéndose bajo una estrategia de información asimétrica podrán
continuar aumentando sus utilidades interminablemente.
Es esa falta de transparencia y de simetría en la información lo que provoca
rechazo en una ciudadanía más empoderada e informada.
Estos desafíos y estas nuevas innovaciones no se enfrentan
solo comprando tecnologías. Son el producto de una combinación correcta de
personas, datos, conocimiento y redes para conseguir un propósito rentable que
merezca la pena. Y estos “intangibles” son imprescindibles para el éxito y la
prosperidad futura de las empresas, las comunidades y los países. Es por ello hora de que las empresas
adopten formas de identificar, medir y optimizar los intangibles. Los mercados han cambiado y la creación de
valor se ha desplazado hacia los intangibles. En 35 años los intangibles pasaron de ser el origen del 17% del valor
en bolsa de las empresas al 80%:
Las empresas que hoy valen
más en Bolsa no tenían ese valor hace 10 años atrás. ¡Algunas ni existían! Si
se mira la lista de empresas con mayor capitalización bursátil en el mundo se
puede constatar que son empresas basadas en intangibles, como empresas
tecnológicas (Apple, IBM, Google, Amazon…), farmacéuticas (Roche), financieras (Bancos)
o de servicios (Wall Mart). Salvo las petroleras (por el alto precio del
petróleo), no hay en la lista empresas basadas en recursos naturales ni
industriales.
Las inversiones en intangibles, por su parte, han crecido permanentemente desde mitad del siglo 20, y
ya a fines de siglo superaron a las
inversiones en tangibles, como lo demuestra el siguiente gráfico:
Sería muy interesante
poder contar con estos mismos números para el caso de las economías en América
Latina. Mi impresión es que en esta zona del mundo todavía las inversiones en
tangibles se llevan la mayor parte – así es desde luego en Chile, donde "la
parte del león" va al desarrollo de minería. No es de extrañar por ello que la
generación de valor de mercado de las empresas latinoamericanas, medidas en el
precio en Bolsa, sean tan inferiores al valor de mercado de empresas en otros
lugares del mundo, ni que las grandes fortunas que se han hecho en esta Región
en los últimos 30 años (con la salvedad de Carlos Slim) sean muy inferiores a
las que se han hecho en las economías del conocimiento. Casos como Apple,
Amazon, eBay, Google o Facebook han generado un valor de mercado muy superior y en muchísimo menos tiempo del que las empresas de América Latina han necesitado
para conseguir su mejor valor de mercado. A buen entendedor, pocas palabras…
¿Qué es lo que genera
valor de mercado y es intangible? La metodología de valoración de intangibles que
propone Smart Companies da una orientación bastante clara: las personas de la
organización, la estrategia corporativa, la capacidad de uso de tecnologías de
la información, la capacidad de trabajar en redes, y el foco la actividad de la
empresa hacia la solución de problemas.
Las empresas cada vez más necesitan hablar de sus activos
intangibles cuando van a ver a sus banqueros (y éstos necesitan preguntar más por los intangibles que por los
Balances). Los gerentes necesitan mucho más que sus cuentas de resultado
para evaluar las posibilidades de sus empresas. Los expertos de marketing
necesitan mucho más que slogans comerciales para conectarse con los
consumidores. Los empleados necesitan mucho más que órdenes para ser
productivos en su puesto de trabajo. Todos,
en las empresas, necesitan tener un mayor conocimiento compartido sobre lo que
tienen, cómo funciona y cómo mejorarlo.
¿Por qué los
intangibles ahora importan? Porque son
la fundación de la nueva prosperidad colectiva, punto.
Los autores del
artículo entregan una herramienta sencilla para evaluar los activos intangibles
de una empresa, la cual se puede ver en http://www.smarter-companies.com/page/icounts-index
Independiente de que
lo haga o no, su empresa no va a seguir prosperando – o no va a salir de la
situación complicada en la que hoy esté – haciendo más de lo mismo, sino haciendo
algo distinto, que considere todas las nuevas fuerzas del mercado (especialmente
consumidores y ciudadanos) y toda la eficiencia que las tecnologías de la
información han traído consigo. Es hora de que saque los intangibles del
closet, porque es ahí donde está realmente la creación de valor y – en última
instancia – las utilidades o beneficios del futuro. Ya no es una teoría, es una
evidencia empírica. Ya no aplica solo a las compañías en Internet, aplica a
todas las empresas. Y las de América Latina están muy, muy lejos de adoptar
esta nueva realidad, pudiendo perfectamente hacerlo. ¿Por qué no la adoptan? Por la peor de
las razones: porque haciendo lo mismo que han hecho en los últimos 30 años
siguen ganando dinero, y asumen que siempre será así.
Alfredo Barriga
viernes, 12 de abril de 2013
El dilema de la educación gratuita – separando el trigo de la paja
Si todos trabajasen en lo que tienen más talento y más les
gusta, si pudieran desarrollarse profesionalmente en su “elemento”, como dice
Sir Ken Robinson, la economía de una nación estaría en el mejor lugar donde puede llegar a estar, y sus ciudadanos
serían más felices de lo que son. Son los recursos intangibles (talento, creatividad,
capacidad de innovación) los que realmente permiten a una nación prosperar. Sin
embargo, la humanidad lleva 7 mil años ignorando esto, y pensando que la
prosperidad viene exclusivamente del acceso a recursos naturales y financieros.
El principal recurso del siglo 21 es el talento, la creatividad,
la innovación. No se puede seguir pretendiendo que un modelo económico basado
en la competitividad mundial en recursos naturales sea lo óptimo para una
nación. Sin embargo, nuestro país lleva más de 30 años embarcados en un modelo
económico basado en sus recursos naturales, con la perenne promesa – hasta ahora
incumplida – de que ello nos llevará a desarrollo y a una sociedad más justa e
igualitaria.
Frente a la realidad del incumplimiento de la promesa se
levantan dos opciones políticas. Ambas son incapaces de ver fuera de la caja, y
siguen defendiendo el mismo modelo económico basado en recursos naturales. Unos
defienden que con más mercado el desarrollo por fin llegará. Los otros defienden
que será con más Estado. Ambos están equivocados. Será con más talento. Y para
ello, Chile requiere una revolución en la educación.
Hacer posible que cada habitante de este país sea capaz de
desarrollar plenamente los talentos con los que nació y los que pueda desarrollar
a lo largo de su vida debería ser el objetivo de la educación, junto con la de
ayudar a los padres a formar personas íntegras de sus hijos.
Conseguir ese objetivo quiere decir que cualquier persona
viviendo en Chile debe tener acceso a una educación de calidad enfocada en
conseguir que identifique y desarrolle sus talentos. Eso supone una educación
personalizada, que con el actual sistema es imposible. Las nuevas tecnologías
sin embargo lo hacen posible. No por nada Universidades de la fama de Harvard,
MIT o Stanford están invirtiendo fuertemente en ello, a la vez que por otra
parte se desarrollan sistemas que permiten que alumnos de enseñanza primaria y
secundaria puedan aprender materias a su propio ritmo. Ello permite una
educación de mayor calidad a un costo muy inferior al actual, ahorrando
recursos a las familias de los estudiantes y/o al Estado. Y si no se reducen
los actuales costos de educación, es imposible siquiera aspirar a una educación
gratuita.
Por otra parte, la mejor inversión que Chile puede hacer es
en la educación de su población. Ello permitirá que la misma acceda a trabajos
de mayor valor agregado, lo que supone mejores sueldos y la reducción de las
desigualdades históricas que siguen pesando sobre nuestra sociedad. Junto con
mayores sueldos hay una mayor recaudación de impuestos, que pueden ser
destinados a financiar un subsidio a la demanda por educación, escalonado según
lo que cada familia puede pagar. El punto es cómo financiar la brecha entre el momento
actual y el momento en que esos mejores sueldos y esa economía más desarrollada
traigan mayor tributación.
Chile cuenta con esos fondos. Han sido generados especialmente
en los últimos años gracias al buen precio del cobre, que sigue siendo actualmente
nuestra primera fuente de recursos. Tiene todo el sentido del mundo que dichos
fondos sean aplicados a generar una población mejor formada, que pueda acceder
a puestos de trabajo mejor remunerados, y salir de la trampa de una economía
basada solo en recursos naturales que ha sido incapaz de generar buenos
trabajos para todos y reducir la brecha en los ingresos, por más que se ha
intentado por Gobiernos de distinto signo en más de 30 años. Y eso se puede
hacer sin necesidad de una reforma
tributaria, que reduciría el crecimiento del país.
Si hay algo que se aprende de la economía de los países que
se han desarrollado más rápido en los últimos 20 años, es que en todos los casos se apostó por una
estrategia enfocada en el desarrollo del talento con prioridad al desarrollo
industrial, o de recursos naturales, o de servicios con mano de obra intensiva
pero de baja cualificación. La apuesta pagó en todos los casos. Naciones mono productoras
como algunos países árabes están ahora siguiendo la misma estrategia. Ahí está el
ejemplo de Qatar, invirtiendo 40.000 millones de dólares en generar una ciudad
de la educación y la ciencia de clase mundial, en pleno desierto. ¿Por qué no
Chile?
Ya es hora de que se implementen soluciones “fuera de la
caja”. Mi preocupación es que, salvo uno, ninguno de los actuales precandidatos
presidenciales tiene un enfoque propio del siglo 21. Siguen basando el futuro
del país en los mismos pilares que tiene ahora (recursos naturales), pensando en que más Estado, o más mercado, o mejor Estado resolverán el problema. Siguen
hablando de más de lo mismo. Y lo que necesitamos es otro Chile, uno basado en
el recurso menos valorado: los propios chilenos. En el centro de ese país distinto está
una apuesta agresiva y disruptiva en materia de educación: universal, de
calidad, personalizada y económicamente sustentable.
Alfredo Barriga
domingo, 3 de marzo de 2013
Educación y cultura digital (#edcmooc)
Esta semana he terminado un curso masivo y abierto (Massive
Online Open Course o MOOC como se han dado en denominar) impartido por la
Universidad de Edimburgh, sobre aprendizaje en línea y cultura digital (www.coursera.org/course/edc). Ya
se está anunciando una segunda versión, dado el éxito de la primera.
Participaron
cuarenta mil personas de decenas de países, todos profesores o ligados al mundo
de la educación, generando una dinámica de grupo impresionante, agrupándose por
idioma, zona geográfica, transversalmente, por oficio o rol en la educación,
etc. Gracias a ello, se generó una red
mundial de contactos, una comunidad de expertos a nivel mundial. Los de habla
hispana creamos un grupo en LinkedIn denominado MOOCs en Español (http://www.linkedin.com/groups/MOOCs-Espa%C3%B1ol-4862372?home=&gid=4862372&trk=anet_ug_hm)
El curso no estaba pensado como una cápsula de conocimiento,
sino como un “ágora virtual” para discutir sobre la validez del uso de tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) en la educación. Se generaron cientos
de discusiones, se postearon cientos de blogs y se generaron miles de tweets
vía Twitter (#edcmooc y #edcmchat). Hubo dos “hangout” a través de Google, en
los que los profesores expresaron sus puntos de vista a partir de las discusiones
que se habían generado en la semana.
Para conseguir un certificado de compleción del curso había
que hacer un “artefacto digital”, que a fin de cuentas es una expresión basada
en herramientas digitales sobre algún aspecto del curso – conclusiones, ideas,
pensamientos, artículos. Fue increíble la cantidad de herramientas que pusieron
a nuestra disposición para armar el dichoso “artefacto digital”. Jamás hubiera
imaginado que hubiese tantas, tan buenas y tan sencillas de usar. Herramientas para
explicar una idea o un concepto alrededor de una historieta tipo “comics”, o
una animación de dibujos animados (prehecha, uno escoge los caracteres y el
escenario, y le pone diálogo y movimiento…), o la unión de diversos contenidos
existentes en redes sociales. Encontré más de 50 herramientas (imposible
meterse con todas) e incluso un portal donde están todas (“cool tools for
schools” en http://cooltoolsforschools.wikispaces.com/).
Adjunto link a mi artefacto digital, para que tengan una idea, realizado con herramientas “tradicionales
y antiguas”: “Power point” y “camtasia estudio: http://www.youtube.com/watch?v=jqz8umfCJ0E. La creatividad mostrada fue enorme. Cuando salgan los ganadores, los incluiré en este post.
Otra innovación educacional fue la evaluación del MOOC. Puesto que el equipo de 5
profesores no podían físicamente evaluar miles de ejercicios en tres días,
fuimos los propios alumnos quienes tuvimos que evaluar al menos a tres compañeros.
Pero una evaluación fundada, es decir, explicando el por qué de la nota. Los alumnos
recibían así feedback de sus pares, acerca de qué estuvo bien, qué no tan bien,
y por qué. Por supuesto, hubo alumnos que se sintieron injustamente mal
evaluados – con miles de participantes, hubiera sido sospechoso que no sucediese.
Esta evaluación era obligatoria para conseguir el certificado de compleción. La
verdad, la experiencia de evaluar fue muy entretenida, casi “adictiva”.
Los MOOC vienen para quedarse. Los modelos de negocio que
les van a dar sustentabilidad serán el pago por los cursos – estos cursos
gratuitos seguirán existiendo, pero serán un “gancho” para cursos de mayor
valor agregado – y la acreditación (el “cartón”). Gracias a las plataformas
digitales, estos MOOC serán validados por el propio mercado (con los clásicos “me
gusta”/ “no me gusta”, comentarios de usuarios, valoración de empresas que
contratan personas que asistieron a los cursos, etc.). Y, lo más importante,
van a bajar los precios de la educación. La demanda por educación, con los MOOC, se va
a disparar. Pero, como ya está siendo habitual con todo lo que está relacionado
a Internet, la oferta se va a crear rápidamente.
El uso de tecnologías de la información (TIC) en el aula ya no son ni siquiera una opción. De lo que se trata es cómo usarlas para hacer de nuestros estudiantes la mejor versión de sí mismos en un mundo donde las TIC son omnipresentes.
Ese camino del que he hablado en otros posts, de un cambio radical hacia una educación
universalmente accesible, personalizada, sustentable y de calidad ya ha
comenzado. Deseo de corazón que ojala en mi país la discusión alrededor de
la educación cambie de tono y de fondo, y en vez de seguir buscando más dinero
para hacer más de lo mismo, se centre en abrazar los nuevos paradigmas que
están cambiando el mundo. De lo contrario, mucho me temo que nos quedaremos
atrás.
Como dijo el Presidente Piñera en su campaña hace 4 años
atrás, la Sociedad del Conocimiento va a crear oportunidades que no podemos ni
soñar en aquellas naciones que la abracen, pero no va a tener paciencia con las
naciones que la ignoren. Ojalá no nos quedemos entre éstas últimas. Me recordaría la última frase de "Cien años de Soledad" acerca de que "las familias condenadas a cien años de soledad no tendrán otra oportunidad en la historia".
Alfredo Barriga
lunes, 18 de febrero de 2013
On Education and Digital Culture (#edcmooc)
I am about to end my first MOOC course, one given by the University of Edimburgh on "e-Learning and Digital Culture".
It has been quite an experience, being in a course with more than 40,000 students - most of them, lurkers. The EDCMOOC team clearly wanted the course to be one of discussion rather than comprehension of a knowledge capsule. We had to go through videos of short movies, adds, and lectures, plus Online article readings, and participate - if we wanted to - in one or several discussion forums. Twice during the Course there has been a hangout, where we have been able to see and hear all the members of the team give their viewpoints on the issues put into discussion on the previous weeks.
My experience is that MOOCs are great but still in the making. Yet, I believe they will evolve very fast, as the need to access lifelong learning becomes more apparent as a feature for the 21st century professional. The business models will appear. All common sense indicates there will be a fee for accreditation, and that fee at a very accesible price. If the accreditation is done presentially it will be more expensive than if done online. People will be able therefore to create a personalized curriculum according to what each one wants and needs to further one´s career. The market for this need will be huge; hence the offer will be varied, and the competence, hard; and the prices, fair... hopefully!
As in all experiences, this MOOC in particular had good things, bad things and ugly things
First, the good: the curation of the contents was provocative, the discussion forums were thrilling, the assigment, demanding. If you wanted to be in the course, you had to be there, read a lot, watch a lot and make yourself "heard" a lot. As in all big groups, there were some students who were very proactive, and that - given the big numbers involved - did provide a very good diversity of opinions. Twitter proved to be a great tool for engaging (I wouldn't have thought it could). And the student-to-student interaction proved a really enriching (and human) relation.
The bad: it is extremely difficult to have a one-to-one relation with anyone of the MOOC team. They were available to help in doing the job needed, but when it came to adressing particular matters, you felt a bit on your own. Also, when discussion threads became a bit long (and I am talking of more than 50 posts) people would not read all that had been posted, and would put their opinions on the latest matters exposed, or directly what they thought on the discussion. This made that the same opinion for the same idea would be written several times. If it had been a presential class, it gives the feeling of students who have not been paying attention and suddenly come up with things that have been long discussed.
The ugly: the EDCMOOC team clearly had a point. Those dissenting with their point - as is my case - were not addressed, neither in the forums nor in the hangouts. As if we didn´t exist.
The point of the team at EDCMOOC is that technology affects the human being, and in doing so, affects the ways of education. We were prompted to lectures about post-humanism and transhumanism. Week three was devoted to "reasserting the human" and week four, to "redefining the human". We were induced to think that technology produces a new way of being human. We were challenged to the idea that massive courses could be human at all. We were asked if this is the right way to educate people. I cannot say that was the idea of the Team, but the curation of the contents at least for me clearly indicated they had a position on the issue, which I disagree in. Let me explain my point of view:
Technology is a human invention, and its use may or may not be human, depending solely on the human who uses it. The terms "post" or "trans" humanism forget that humans are, above all, humans. Have always been and will always be. They evolve, they get smarter, but they still are deeply humans. No machine can be human, no matter what arguments science fiction may bring. These are always assumptions, not realities, nor data. Humanity has always indulged in "playing God" and creating living creatures who at some point of their evolution rise against their creator - perhaps because that was what we did? Yet, humans are humans, not God.
The real issue in the matter of learning and digital cultures should not be therefore, if we are in front of a new paradigm on humanity (utopian, dystopian, post-humanist or transhumanist... who cares?). The real issue should be, how to use technology so that our students can be the best version of themselves in a world where technology HAS become omnipresent
Alfredo Barriga
It has been quite an experience, being in a course with more than 40,000 students - most of them, lurkers. The EDCMOOC team clearly wanted the course to be one of discussion rather than comprehension of a knowledge capsule. We had to go through videos of short movies, adds, and lectures, plus Online article readings, and participate - if we wanted to - in one or several discussion forums. Twice during the Course there has been a hangout, where we have been able to see and hear all the members of the team give their viewpoints on the issues put into discussion on the previous weeks.
My experience is that MOOCs are great but still in the making. Yet, I believe they will evolve very fast, as the need to access lifelong learning becomes more apparent as a feature for the 21st century professional. The business models will appear. All common sense indicates there will be a fee for accreditation, and that fee at a very accesible price. If the accreditation is done presentially it will be more expensive than if done online. People will be able therefore to create a personalized curriculum according to what each one wants and needs to further one´s career. The market for this need will be huge; hence the offer will be varied, and the competence, hard; and the prices, fair... hopefully!
As in all experiences, this MOOC in particular had good things, bad things and ugly things
First, the good: the curation of the contents was provocative, the discussion forums were thrilling, the assigment, demanding. If you wanted to be in the course, you had to be there, read a lot, watch a lot and make yourself "heard" a lot. As in all big groups, there were some students who were very proactive, and that - given the big numbers involved - did provide a very good diversity of opinions. Twitter proved to be a great tool for engaging (I wouldn't have thought it could). And the student-to-student interaction proved a really enriching (and human) relation.
The bad: it is extremely difficult to have a one-to-one relation with anyone of the MOOC team. They were available to help in doing the job needed, but when it came to adressing particular matters, you felt a bit on your own. Also, when discussion threads became a bit long (and I am talking of more than 50 posts) people would not read all that had been posted, and would put their opinions on the latest matters exposed, or directly what they thought on the discussion. This made that the same opinion for the same idea would be written several times. If it had been a presential class, it gives the feeling of students who have not been paying attention and suddenly come up with things that have been long discussed.
The ugly: the EDCMOOC team clearly had a point. Those dissenting with their point - as is my case - were not addressed, neither in the forums nor in the hangouts. As if we didn´t exist.
The point of the team at EDCMOOC is that technology affects the human being, and in doing so, affects the ways of education. We were prompted to lectures about post-humanism and transhumanism. Week three was devoted to "reasserting the human" and week four, to "redefining the human". We were induced to think that technology produces a new way of being human. We were challenged to the idea that massive courses could be human at all. We were asked if this is the right way to educate people. I cannot say that was the idea of the Team, but the curation of the contents at least for me clearly indicated they had a position on the issue, which I disagree in. Let me explain my point of view:
Technology is a human invention, and its use may or may not be human, depending solely on the human who uses it. The terms "post" or "trans" humanism forget that humans are, above all, humans. Have always been and will always be. They evolve, they get smarter, but they still are deeply humans. No machine can be human, no matter what arguments science fiction may bring. These are always assumptions, not realities, nor data. Humanity has always indulged in "playing God" and creating living creatures who at some point of their evolution rise against their creator - perhaps because that was what we did? Yet, humans are humans, not God.
The real issue in the matter of learning and digital cultures should not be therefore, if we are in front of a new paradigm on humanity (utopian, dystopian, post-humanist or transhumanist... who cares?). The real issue should be, how to use technology so that our students can be the best version of themselves in a world where technology HAS become omnipresent
Alfredo Barriga
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