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jueves, 26 de enero de 2012

Economía del Conocimiento y el “Modelo Chicago”

Nuestro país tomó hace más de 30 años un Modelo económico bajo la influencia de los llamados “Chicago Boys”. El modelo se centraba en el desarrollo de la economía a partir de una apertura de la misma al mercado global y en el incentivo en un modelo exportador basado en recursos naturales en los que somos, como país, más competitivos a nivel mundial.

El Modelo ha sido mantenido y perfeccionado en estos 30 años. Especial énfasis se ha puesto en crear un entorno macroeconómico estable y favorable a las inversiones. Los rankings de Chile en esta materia nos ponen en el “primer mundo”. Y, sin embargo, en otros índices seguimos muy por debajo del lugar que hemos alcanzado en macroeconomía. Especialmente notables – porque salen una y otra vez en los reportes del Banco Mundial, del World Economic Forum o de la ONU, por mencionar los más conocidos y acreditados – son los casos de Educación, Innovación y uso de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC).

Curiosamente, esas cuatro grandes magnitudes – régimen económico, educación, innovación y uso de TIC – son las que componen el “Índice de la Economía del Conocimiento” (Knowledge Economy Index) elaborado por el Banco Mundial desde 1995. Éste índice, según definición del mismo Banco Mundial, es un indicador económico que mide si el entorno es conducente a que el conocimiento pueda ser usado eficientemente para el desarrollo económico. Es un índice agregado que representa el nivel de desarrollo de un país o región hacia una economía del conocimiento. Está calculado sobre la base del rendimiento en cuatro pilares relacionados con la economía del conocimiento:
·         Un régimen económico institucional que entrega incentivos para el uso eficiente de conocimiento existente y para el florecimiento del emprendimiento (“Economic Incentive Regime”)
·         Una población educada y capacitada para crear, compartir y utilizar correctamente el conocimiento
·         Un ecosistema de innovación en el que participan empresas privadas, centros de investigación, Universidades, consultores y otras organizaciones para aprovechar el creciente stock de conocimiento, asimilarlo y adaptarlo a la realidad y necesidades locales, y generar nueva tecnología
·         Tecnologías de la Información y Comunicaciones para facilitar la efectividad en la creación, diseminación y procesamiento de la información

Tomando los últimos dos datos publicados del Banco Mundial para una serie de países (los 11 mejor rankeados, Chile y los restantes 3 mejores rankeados de América Latina), se confirma lo que todos los demás estudios vienen diciendo desde hace años: Chile es “top” en temas de régimen económico institucional pero débil en el resto. De hecho, a pesar de que somos el primero en América Latina, ya nos han pasado otros países en cada uno de los índices distintos del de régimen económico: Uruguay y Argentina en educación, Argentina en innovación, y Uruguay en uso de TIC. En cambio, en régimen económico, hemos superado a países como Australia, Suiza o Japón.

He llamado al índice sobre régimen económico “capa Chicago”, y a los restantes “capa Knowledge” o del conocimiento. La siguiente tabla ilustra lo que comento:

Decía Peter Drucker que el momento más peligroso para una empresa es cuando le está yendo muy bien con su modelo de negocios, ya que es en esos momentos cuando no se perciben los nuevos modelos que reemplazarán a los incumbentes, y queda mal preparada para cuando, inevitablemente, tenga que adoptar los nuevos paradigmas. Un buen ejemplo de cómo hay que hacerlo es IBM, otrora el mayor fabricante de computadores del mundo, que estuvo a punto de irse a pique. Fue la llegada de alguien externo a la industria, Lou Gestner, lo que sacó a IBM de su aprieto, transformándola en una empresa de conocimiento, que genera sus ingresos fundamentalmente de su principal know-how: como cambiar paradigmas de grandes organizaciones y gobiernos usando Tecnologías de la Información. Hoy, 20 años después de estar al borde de la quiebra, es la tercera empresa por valorización de mercado de Estados Unidos. Pero, no hay que esperar a estar a punto de irse a pique para reaccionar.
Pienso que el mismo concepto es aplicable a los países. En Chile llevamos 30 años afinando el régimen económico, y figurando como uno de los países más admirados del mundo bajo estos parámetros. Sin embargo el  mundo va hacia la Economía del Conocimiento. Es allí donde se van a crear más puestos de trabajo y riqueza. Y para ello es necesario estar igualmente brillantes en educación, innovación y TIC que en "régimen económico".

Tal vez se piensa, erróneamente, que si se mejora en el ranking de "régimen económico", el mercado se encargará de mejorar los restantes pilares de la economía del conocimiento. Nada más lejos de la realidad: no hay ninguna correlación entre ambos. Avanzar en la economía del conocimiento supone avanzar en "régimen económico" y en educación, innovación y TIC. Cada una por su cuenta. Si Chile tuviera en educación, innovación y TIC el mismo puntaje que en “régimen económico”, estaría en el puesto 17 del Ranking KEI. Definitivamente, entre los países ganadores. ¿Y qué ganaría estando ahí? Una economía más dinámica, que ha estado creciendo y se prevé seguirá creciendo a dos dígitos anualmente; mejores puestos de trabajo, mejor remunerados; acceso a más bienes y servicios que los que actualmente tiene acceso nuestra población.
No hay nada en contra de ser un país esencialmente productor de commodities salvo en un aspecto: no van a ser los commodities los que van a generar mayor trabajo en el mundo en el futuro cercano – ni hablar del lejano. Y no van a estar los mejores sueldos alrededor de los commodities. Más bien parece que va a ser al revés, ya que al automatizarse mediante tecnologías los trabajos de esas industrias para mejorar su productividad, van a ser destructores de puestos de trabajo. Hoy una mina de cobre se maneja con mucha más tecnología y menos personal por tonelada de cobre extraída que hace 30 años, y no parece que esa tendencia se detenga. Por el contrario, la economía en Internet está creando 2,6 empleos por cada uno que destruye – y los va a seguir destruyendo: tratar de evitarlo es ponerle puertas al campo – está creciendo a dos dígitos año tras año desde que comenzó, está creando las empresas de mayor valor de mercado del mundo – tomados por años desde su fundación – y está generando mejoras continuas en productividad de las personas. Son las personas, y el conocimiento que sean capaces de crear, lo que en definitiva va a definir las economías ganadoras y las perdedoras en el largo plazo. Entonces, ¿Dónde queremos estar? ¿Dónde se destruyen trabajos o donde se crean?

En el caso de Chile se da además un agravante: nuestra principal fuente de riqueza es un recurso natural no renovable. Qatar vive del petróleo desde tiempos tan inmemoriales como Chile del cobre. Sin embargo, a pesar de estar nadando en dinero, está apostando fuerte por la economía del conocimiento, poniendo mucho énfasis especialmente en la educación.
Aumentar los royalties a la extracción de recursos naturales no renovables o renacionalizar los recursos naturales es una estupidez que no resuelve el problema de fondo. Lo que está en juego es saber qué tipo de sociedad vamos a ser en 50 años más. Qué heredarán nuestros nietos. Y, a la vista de los datos duros, si solo vamos a extrapolar el Chile actual a 50 años más - considerando lo que está sucediendo en el mundo en educación, innovación y TIC- lo tenemos complicado. El mercado no se va a reinventar, (cuando se acaben nuestros recursos) con la suficiente rapidez como para absorber la mano de obra que quedará fuera del sistema. Seguimos pensando que el cobre es eterno, o por último, que su término está tan lejano que no es tema para hoy. ¡Que se ocupen los que se enfrenten al problema!

El caso es que con ese discurso nos estamos privando como Sociedad de un mejor país para todos. Estamos renunciando a mejores puestos de trabajo, a una economía más diversificada y fuerte, a un ingreso mejor repartido, y a una base económica sustentable en el tiempo, porque el conocimiento no se agota: siempre crece y mejora con cada nueva generación de personas.

Por cierto: en Internet sí que funcionan los principios de los Chicago Boys, lo cual no ocurre en el "mundo tangible". Hay libertad de acceso e información, barreras de entrada y salida bajas, simetría en información, escasa regulación del Estado... y en 20 años ha generado la mayor revolución de la historia. Social, económica y política.
No me gustaría vivir en el Chile de hoy extrapolado a 50 años. Afortunadamente, no me tocará. Pero no quisiera dejarle ese Chile a mis niet@s.

Alfredo Barriga 

domingo, 9 de octubre de 2011

La era de Acuario

Las eras no se  miden en cientos de años, sino en miles de años. ¿Qué está ocurriendo tan extraordinario en este tiempo que no haya ocurrido en miles de años? La respuesta me llegó como un flash durante la conferencia de alto nivel de la OCDE sobre el Futuro de la Economía de Internet.

Allí estaban quienes comenzaron todo esto. Tim Berners-Lee, Vint Cerf, la plana mayor de la 3WC, las principales ONG de Internet. Y Ministros de 8 naciones. No recuerdo de quién vino la frase, pero me hizo “clic”: Internet tiene hoy 2 mil millones de personas conectadas, y han pasado todas las cosas magníficas que conocemos. Pero la verdadera Internet no la va a definir los 2 mil millones que hoy están, sino los 5 mil millones que aún no están.

La raza humana es social: su evolución y su desarrollo dependen de que puedan hacer cosas en equipo. Para eso, necesitan comunicarse. Y bajo ese paradigma, la humanidad ha tenido solo dos eras. Ahora comienza la tercera.

El primer gran invento de la humanidad para trabajar en equipo fue el lenguaje. Sin él, nadie puede comunicarse con nadie. Somos, como dijo Kevin Kelly, totalmente codependientes del alfabeto. Pero con el lenguaje solo las posibilidades eran muy limitadas. Una persona hablaba a otra persona, o a la tribu. Para pasar el mensaje se requería de otra persona que llevara el mismo a otra tribu o parte. El lenguaje se originó alrededor del año 10.000 antes de Cristo.

Luego vino la invención de la escritura, alrededor de 5.000 años antes de Cristo. Con ella, la comunicación adquirió una nueva dimensión: la conservación, y con ello, su prolongación en el tiempo y el espacio. Lo que se escribía quedaba a disposición de quienes lo leyeran, aunque se encontraran muy lejos, y aunque lo leyeran mucho tiempo después. Se necesitaron más de 6.500 años más hasta la invención de la imprenta para que la escritura pudiera ser masificada, y casi 450 años más para que un 30% del mundo supiera leer y escribir. Pero la escritura permitió la comunicación uno-a-muchos (libros y documentos) y uno-a-uno (correo) de una forma que no era posible con el solo lenguaje. El aceleramiento del desarrollo de la humanidad fue a la par de la masificación de la escritura y la alfabetización del mundo. Y es que, mientras más se pueden comunicar, mayor es el valor que pueden crear.

La tercera invención de la humanidad en este contexto es Internet. Permite una comunicación uno-a-uno, uno-a-muchos y muchos-a-muchos. Permite compartir información de forma instantánea por personas de todo el mundo, y trabajar coordinadamente en procesos que generan valor. La ley de redes de Metcalfe, que fue postulada para redes de telecomunicaciones es aplicable a las comunicaciones en general en la medida en que las telecomunicaciones se convierten en la forma de comunicación más utilizada, y eso viene de la mano de Internet.

No tenemos ni una clave de cómo podrá ser el mundo cuando – al igual que hoy sucede con la escritura – la inmensa mayoría de las personas usen Internet. Cuando tengamos 5 mil, 6 mil, 7 mil millones de personas interactuando, colaborando, coordinándose, generando valor a lo largo de todo el mundo. Una apuesta es que llegaremos a la creación de un metalenguaje común, ya  que todos nos comunicaremos con todos. Con la implementación del nuevo protocolo de Internet, la IPv6 – que permitirá a todas las cosas estar comunicadas entre sí y con las personas – las posibilidades son infinitas comparadas a como se ven hoy.

El gran beneficiario de esto será la humanidad, las personas. Ello, porque durante milenios los hombres no han visto a los demás hombres como generadores de valor sino que como competidores por los recursos donde se ha pensado que estaba el verdadero valor: recursos naturales y recursos financieros. Internet ha puesto el foco en las personas como generadoras de valor por encima de los recursos naturales, trayéndonos la Sociedad del Conocimiento. Durante milenios los hombres han esclavizado a otros hombres, atribuyéndoles valor solo como mano de obra barata. La Sociedad del Conocimiento cambiará esta noción para siempre. La dignidad de la persona y la dignidad de su trabajo se verán realzadas por ser la fuente primigenia de creación de valor y bienestar, por encima de lo que, durante milenios, hemos valorado más: los recursos naturales. La productividad de las naciones – si es que existen como las conocemos hoy en día – dependerá de conseguir que cada persona trabaje en lo que tiene más talento y más le gusta. Y solo por eso, será un mundo mucho mejor que el actual.

Alfredo Barriga